Hugo Moyano se mostró ayer en Córdoba con Omar Maturano, reelecto como jefe de La Fraternidad, uno de sus aliados más poderosos entre los gremios del transporte.
En dos turnos, durante las próximas 48 horas, Hugo Moyano hará equilibrio entre la falta de respuestas del gobierno y el reclamo, cada vez más intenso, del cacicazgo gremial para obtener un plus salarial de fin de año que compense el impacto de la inflación en los salarios.
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Para hoy, el cacique cegetista tiene agendada una cita con la mesa chica de la CGT mientras que mañana, en la sede de Azopardo, se reunirá el consejo directivo. El tema central, pero no excluyente, será el reclamo de un pago extra para amortiguar el deterioro salarial.
En una postura incómoda, el camionero tiene que contener las quejas de sus aliados y socios ante los que aparece como el supuesto garante de que la Casa Rosada tiene buena voluntad con la CGT y atiene, siquiera en parte, las demandas de la cúpula sindical.
Le resulta cada vez más difícil. Días atrás, este diario relató el malestar de Moyano con los Kirchner y su amenaza, ante un grupo reducido de laderos, de pegar un portazo a la CGT. «Si yo no estoy, ¿quién le tapa los quilombos?», dijo en esa charla confesional.
Con la sutileza de un caníbal, el camionero explicitó su enojo con un excesivo despliegue de la causa Rucci, promovida por Gerónimo «Momo» Venegas, y el guiño sigiloso a gremios del transporte, en concreto, los portuarios, para que declaren medidas de fuerza.
Tiró otra perdigonada al hablar de un INDEC propio de la CGT, con lo que grafica que desconfía de la estadística oficial a pesar de que la muñeca que mece esa cuna es Guillermo Moreno, con quien tiene diálogo fluido, al igual que con el ministro Julio De Vido.
En las últimas horas, sumó otro factor de furia: luego de pedir un «medio aguinaldo» adicional para diciembre en un encuentro que mantuvo con Sergio Massa, se desayunó con la novedad de un único pago, con monto fijo para todos los trabajadores, de $ 500.
La cifra formó, entre otros números tirados a la mesa, parte de la negociación con el gobierno, pero al trascender -acusa a la Casa Rosada de hacerlo- generó tensiones entre los gremios y puso «en alerta» a los empresarios para que «hagan lobby» en contra, dicen en CGT.
Así y todo, entre los caciques gremiales reina la certeza de que a fin de año habrá un plus, pero no arriesgan montos ni mecanismo. Se aporta un dato: el gobierno, especulan, buscará centralizarlo para evitar las discusiones por gremio, menos predecibles.
Confederal
El fenómeno que padece Moyano es interesante: gran parte de sus socios históricos, con los que construyó el MTA, expone posiciones críticas sobre los Kirchner. Hay dos excepciones puntuales: Omar Viviani (peones de taxis) y, sobre todo, Julio Piumato (judiciales).
Es decir: dentro del propio moyanismo, a pesar de la teórica preferencia de Néstor Kirchner por el camionero, abundan los reproches y es sistemático el murmureo por el «mal pago» del patagónico a la lealtad, según su teorema, que le expresa Moyano.
En rigor, en su zigzagueo continuo, ayer Moyano usó el acto de reelección de Omar Maturano como jefe de La Fraternidad, uno de los gremios del transporte que forman la avanzada moyanista, elogió a Néstor Kirchner por «librarnos del FMI», pero nada dijo de Cristina de Kirchner.
Burlón, habló del «camarada George Bush» -una ironía por el salvataje con intervención estatal que promovió- y defendió las «paritarias abiertas» como un « logro que jamás vamos a entregar».
Teléfono para Carlos Tomada, que dice que no se reabrirán paritarias.
El misil lo festejaron Viviani y Norberto-Di Próspero, titular de los empleados legislativos, que escoltaron al camionero hasta Córdoba.
Además del ruido doméstico, Moyano padece -a pesar de una «buena convivencia»- la multiplicidad de voces que ahora tiene la CGT con el regreso de «los gordos», la incorporación de la UOM, más la autonomía de los líberos Gerardo Martínez (UOCRA) y Andrés Rodríguez (UPCN).
Ese mapa vuelve inestable e impredecible el Comité Central Confederal (CCC) convocado para el 14 de octubre, que tiene temario formal, pero podría convertirse, en caso de que para entonces no haya señales claras desde Casa Rosada, en una trinchera contra los Kirchner.
Moyano, si no cosecha compromisos sólidos, no moverá un dedo para apaciguar el clima de hostilidad de algunos gremios. Un caso: ayer, tal como anticipó este diario el jueves último, la federación que agrupa a los portuarios declaró un paro para este viernes y quite de colaboración durante el fin de semana.
Los portuarios forman parte de la red de gremios del transporte que son el principal soporte político de Moyano. Los sindicatos del moyanismo son los más afectados por la continuidad de la «tablita de Machinea» y a los que un plus de 500 pesos les significaría poco en relación con sus salarios.
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