El paso de las horas no disipó el clima de crisis que describió este diario el viernes con una trama que tiene como centro a Roberto Lavagna. El Presidente transmitió a sus visitantes de Olivos que es el ministro quien controla su propia agenda con palabras que lo ponen como dueño de su suerte. El hostigamiento de voceros oficiosos como Moyano o D'Elía hace poco creíbles a los oídos de Lavagna los mensajes conciliadores. Algunos anoche describían la situación en estos términos: que el Presidente estaría cerca de desear una renuncia pero el ministro más cerca de pedir un despido.
Esa última presunción, agitada por sectores del gobierno, volvió a florecer (hace 10 días estaba descartado) a partir de los tironeos que la semana pasada Kirchner mantuvo con
El ruido permitió, incluso, que algunos voceros interesados hicieran circular el viernes la versión de la -luego desmentida- renuncia de
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