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Por eso la carrera que se avecina encuentra al oficialismo con un entusiasmo extraordinario, compartido en alguna medida con el mismo electorado que no se mantiene ajeno a la suerte del ex gobernador y ex presidente durante la transición de 2001. Hay suficientes razones para creer que es así: «El Adolfo» gobernó San Luis durante 19 años y en la última elección obtuvo el aval de 69% de la ciudadanía. Sus cinco gestiones se caracterizaron esencialmente por la ordenada administración (con déficit cero hasta el '92 y de ahí en más con superávit fiscal), Informate más
Desde 1983, pero como nunca a partir de su breve paso por el Ejecutivo nacional y de su condición de candidato presidencial, el pulso político sanluiseño lo marca el justicialismo de Rodríguez Saá.
Como tan claro es el horizonte que asoma para el oficialismo, oscuro lo es para la oposición atrapada en un laberinto del cual no podrá escapar, por lo menos antes de las próximas elecciones programadas para el mismo día en que se alumbre al futuro presidente, por ahora el domingo 27 de abril. Ese día
Esto es lo que tiene por delante una oposición atomizada que no puede ensayar una reacción capaz de devolverle iniciativa. Si ya estaba huérfana, hoy hasta carece de un interlocutor: lo fue
La posibilidad de abstenerse en los comicios de convencionales para deslegitimar la reforma y frenar al oficialismo fue una variante que no tuvo ni un indicio de consenso en el arco opositor.
El radicalismo, antes de ocuparse de preservar su posición de principal fuerza de oposición que todavía retiene, debe resolver los frentes internos. Pudo precipitar la postergación de los comicios internos de autoridades partidarias. Como si no tuviera problemas, ahora soporta uno mayor: la diáspora de dirigentes ahora encolumnados formalmente en el proyecto presidencial de Rodríguez Saá quien
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