La caravana
que trasladó el
féretro de Juan
Domingo Perón
transcurrió en
paz y con
cientos de
personas
asomadas a los
balcones y
ventanas. Los
líderes sindicalistas
intentaron,
sin
embargo,
robarle protagonismo
al
fundador del
Movimiento
Justicialista.
La caravana que partió a las 12.10 desde la sede de la CGT fue la contracara de la violenta ceremonia que se llevó a cabo en la quinta de San Vicente. Miles de personas, en su mayoría sindicalistas, se encolumnaron detrás del vehículo militar modelo Gaucho -reciente prototipo desarrollado por los ejércitos de la Argentina y Brasil para vivar al fundador del Partido Justicialista.
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Solamente la desubicación de Omar Viviani, jefe de los taxistas, empañó la celebración. El gremialista viajó montado en jeep castrense hasta San Vicente. Gozó desproporcionalmente su protagonismo y se dedicó a saludar a diestra y siniestra a los cientos de personas que desde las veredas, ventanas y balcones de sus casas arrojaban claveles y papel picado para celebrar el fugaz reencuentro con los restos de su líder político.
El largo recorrido que llevó el cuerpo del ex presidente Juan Domingo Perón a San Vicente comenzó con empujones y sofocones provocados por las barras sindicales de la CGT y de las 62 Organizaciones encargadas de la seguridad del traslado.
Los intendentes de los distritos que recorrió la caravana, especialmente los más cercanos a San Vicente, como Ezeiza y Esteban Echeverría, hicieron esfuerzos para que se notara el afán por organizar una bienvenida distinta en cada lugar.
Una guardia de Granaderos a Caballo lideraba la comitiva. Detrás se ubicó el jeep -con el titular de la CGT, Hugo Moyano, y otros dirigentes sindicales- con la cureña con el cuerpo de Perón. También fue parte del grupo el ex conscripto Roberto Vassie, quien fue registrado por un reportero gráfico llorando el día de la muerte del ex presidente.
El dirigente ferroviario y ex diputado nacional Lorenzo Pepe expresaba su satisfacción porque el movimiento obrero y las 62 Organizaciones Peronistas alcanzaron el objetivo de que los restos del ex presidente sean depositados en un lugar «simple» como «las grandes cosas». Trató de seguirle el ritmo a la caravana, pero a los pocos metros debió desertar asfixiado por los empujones y el calor primaveral. Lo mismo le pasó a Graciela Camaño. Sólo Eduardo Duhalde y su mujer, la senadora Hilda González, resistieron el fervor popular hasta la avenida Paseo Colón, a la altura de la Secretaría de Agricultura y Ganadería. En el techo del establecimiento se desarrolló un pequeño principio de incendio debido a papeles picados que ardían, pero empleados del lugar lograron sofocarlo.
En el trayecto, antes de subir a la Autopista 25 de Mayo, un joven que custodiaba el jeep que transportaba el féretro resultó lesionado cuando, tras ser empujado accidentalmente, cayó al suelo y las ruedas de la cureña con el ataúd pasaron sobre sus piernas.
Chofer
La cabecera de la caravana también estaba integrada por dos Trafic de cochería Paraná, y otro vehículo cubierto de claveles pintados con la leyenda Tu Pueblo con la firma CGT-62. Detrás venía el jeep del Regimiento de Infantería Patricios que arrastraba la cureña sobre la que estaba despositado el féretro del general Perón. Era conducido por el mismo chofer que llevó los restos del ex presidente desde el Congreso hasta Olivos en 1974.
Luego llegaron los incidentes de San Vicente, la caravana se detuvo, y finalmente logró arribar hasta el mausoleo de San Vicente donde ahora Perón ¿descansará en paz?
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