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14 de enero 2003 - 00:00

Carrió, primera víctima de un Frankenstein de Duhalde

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Adoptada esa decisión, Duhalde pasó a su experimento principal: cortarle el camino a Menem. Miró la tubería sobre la mesa de mármol y comenzó a imaginar, con el auxilio de Pampuro. Primera operación, suspender las internas del peronismo. Sea porque un congreso las elimina, sea porque nadie compite contra el riojano o porque se consagra a Kirchner de oficio. El oncólogo es a veces cruel: desde que comenzó la peripecia electoral de este año jamás le trajo un resultado distinto. En todos los casos, Menem gana la interna del PJ. Aquí está el núcleo de la operación que monta Duhalde: si se le quiere ganar al ex mandatario hay que apelar a los votos no peronistas, que fueron la base del antimenemismo desde que Chacho Alvarez se sublevó en 1990. Restos del Frepaso, desencantados del radicalismo, quebrados de De la Rúa, legiones de cultores del voto en blanco y la abstención de 2001, ése es el mercado para el cual elaboran un producto, vestidos de guardapolvo blanco, Duhalde y su médico.








En vano se esfuerza Pampuro y pide el auxilio de Juan Carlos Mazzón. Este mendocino, con un pasado memorable en Guardia de Hierro, trabajó para los Kirchner durante la Constituyente de 1994 y desde entonces quedó como amigo de la casa. Hasta ahora consiguió pocos progresistas para acompañar a Duhalde, a tal punto que el acto previsto para el jueves debió ser dado de baja. Para tratar de seducir al electorado de centroizquierda Mazzón aporta a su socio Eduardo Fellner, a Julio Miranda (otro vandorista, discípulo de Diego Ibáñez), a Juárez y Gildo Insfrán. Los caudillos de provincias grandes (Reutemann, De la Sota), ausentes después de ver cómo Ramón Puerta frenó al Presidente en Misiones durante el fin de semana.

En el Senado la cosecha progresista ha sido todavía más pobre. José Luis Gioja todavía recuerda que Cristina Kirchner puso su avión para que el correntino Lázaro Chiape votara en contra la derogación de la Ley de Subversión Económica. Y Jorge Yoma acumula heridas desde 1994, cuando en las preparatorias de la Constituyente la esposa de «Lupín» le pidió que se callara «por portación de apellido». En cuanto a Barrionuevo, ya le explicó a Duhalde por qué no está dispuesto a apoyar: «Eduardo, yo no puedo ir con alguien que te insultó a vos una y mil veces. Además, ¿cómo hago para pelearle Catamarca al 'Turco' con 'Lupín'?

El mismo Kirchner aporta en las últimas horas sus propias contradicciones. En la provincia de Buenos Aires, la legislatura duhaldista no quiere inclinarse ante el Frepaso residual que rodea al candidato, representado por Eduardo Sigal y Aldo San Pedro. Si hasta Osvaldo Mércuri se sublevó con los Duhalde cuando advirtió esa nueva prelación (además de sentirse indignado porque «Lupín» eligiera a Felipe Solá como puerta de entrada al duhaldismo). En Mendoza sucedió lo mismo: viejos duhaldistas como el senador Jorge Pardal corren hacia el menemismo antes de tener que subordinarse a Juan González Gaviola, Carlos Abbihagle o Luis Leiva.

Sube la presión en las probetas de Pampuro. Corren los días y se sigue suspendiendo la presentación del experimento, que se pensaba para un acto, el jueves. Entre los disidentes nadie se organiza ni busca darle una salida al Presidente. No debe extrañar. En definitiva Duhalde está acostumbrado a que sus sueños electorales (desde su esposa en 1997, pasando por su candidatura en 1999, hasta llegar a De la Sota y Reutemann) se transformen en quimeras.

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