Hago propicia la oportunidad del viaje del señor Canciller Carlos Ruckauf a Washington para continuar, por esta vía, las francas y constructivas comunicaciones que hemos mantenido desde que asumiera la Presidencia.
En ese marco, deseo reafirmarle la coincidencia entre los principios y valores fundamentales que inspiran a nuestras dos democracias.
Ninguna de las medidas que hemos tomado, que son de naturaleza estrictamente circunstancial y forzadas por la dura realidad que enfrentamos, debe ser interpretada, como un desvío de tales premisas fundamentales. En la definición de esas medidas hemos recurrido a la colaboración de países amigos que han atravesado situaciones similares y a la experiencia de organizaciones internacionales, atendiendo a su ilustrado consejo.
En tal sentido, destaco el limitado margen de maniobra que enfrentamos al asumir la presidencia, hace 15 días.
La Nación a mi cargo ha sido destruida en lo económica, en lo social y, ante todo, en la credibilidad que el pueblo tiene en su dirigencia. En los 24 meses del gobierno que abandonó el poder en forma abrupta, se dejaron de cumplir con los planes alimentarios a los carenciados, se llegó a una desocupación del 20%, se perdieron 20.000 millones de dólares de reservas y se congeló el patrimonio de los ahorristas, destruyendo la confianza en el sistema financiero.
Al mismo tiempo el Estado Nacional perdió el crédito interno y externo, se destruyó el valor de la moneda y se desmonetizó el sistema minorista de ventas. Las pequeñas y medianas empresas de la Argentina están quebradas.
Hoy el país lleva cuatro años de recesión, el PBI se redujo en un 4% en el 2001, la recaudación impositiva cayó el 28% en diciembre último y un tercio de la población se halla bajo el índice de pobreza y frente a este cuadro hemos tenido que suspender transitoriamente los pagos de la deuda externa.
Soy conciente que la salida de la crisis será dolorosa y puedo asegurarle que tomaremos las acciones necesarias con plena conciencia del sacrificio que implican, lo que demandará tiempo, y en forma urgente, la colaboración activa de los países amigos, que no debe desmoronarse.
Mi Gobierno está firmemente comprometida con dejar de lado, lo más rápido posible, medidas transitorias, de corte dirigista, que hemos heredado o nos hemos visto obligados a tomar. Insisto, las presentes medidas son sólo circunstanciales y serán abandonadas tan pronto podamos normalizar la situación económica y financiera.
A tal fin, comprometo, una vez más, la firme voluntad de mi Gobierno en procura de un presupuesto equilibrado y un plan de crecimiento sustentable y a este respecto, seguiremos trabajando conjuntamente con el FMI y con el grupo de asesores de países amigos.
Enfrentamos necesidades económicas y sociales que reclaman ser solucionadas "ahora". Cualquier demora en ese terreno conlleva el peligro de su agravamiento en el marco de la ya tensa situación que atravesamos.
Sé que sólo con libertad económica e integrados al mundo saldremos de nuestra crisis, pero también que la convulsión social es muy grave y el mejor plan puede perder posibilidades si no actuamos rápido. Por ello necesitaremos de nuestros amigos y aliados comprensión ante la coyuntura y ayuda concreta de organismos financieros multilaterales.
Estimado Presidente y amigo, agradecería profundamente si el Gobierno de los Estados Unidos considera, con la mayor premura, fórmulas de asistencia rápida a mi país. Tal vez dicha asistencia pudiera ser coordinada con las Naciones que integran el G 7. Desde ya que su Gobierno y el pueblo estadounidense pueden contar con el agradecimiento anticipado de todos los argentinos por tales esfuerzos.
Estoy seguro que este primer encuentro del señor Ministro Ruckauf con el señor Secretario de Estado, Colin Powell, y con otras autoridades de su Gobierno, además de reafirmar el carácter de socios y aliados extra-OTAN, contribuirá a una más completa comprensión de la situación que le he descripto.
Esperando encontrarme con Usted en un futuro próximo le envío un abrazo cordial.
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