Todo se calmó en apariencia cuando, por diversos medios, la Rueda salió a desmentir el comunicado, en apariencia redactado por uno de sus colaboradores pero sin su venia. Renacía la calma. Pareció tarde: ya los otros sindicalistas habían insinuado que la mujer estaba en las playas de Cancún y no en un seminario, explicaban y destrozaban la tontería del comunicado: ninguna determinación importante de la CGT se resuelve siquiera con el triunvirato que la comanda, sino con la aprobación del Consejo Directivo. Otras decisiones, menores, siempre se acomodarán por el voto mayoritario del triángulo. ¿O acaso la CGT debe cerrar en cada ocasión que la Rueda parte de viaje?
Desmentidas aparte, lo cierto es que la relación interna sigue deteriorada y, por el momento, se diría que algunos sectores transigen porque no desean la ruptura. Pero hoy cada episodio acerca a las partes hacia posiciones irreconciliables.
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