Por supuesto que esto recién comienza y, aunque algunos como el sector energético ya comenzó a “abrir el paraguas” solicitando al Gobierno garantizar un precio más de 60% por encima del que marca el derrumbe internacional, que supere los u$s50 el barril, para que la crisis no lleve al cierre y replanteo de varios proyectos. Lo mismo ocurre con el turismo, mientras otros sectores comienzan a evaluar que, al menos, no los penalicen con impuestos extra, tal el caso del campo con las retenciones.
Pasó desapercibido un conflictivo aniversario del campo
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Y, tanta fue la sacudida del coronavirus justamente en este sector, que hasta casi pasó desapercibido el 12º aniversario de la Resolución 125 de retenciones móviles de Martín Lousteau (que, dicen, de haberse aplicado ahora serían menores a la quita que está teniendo la soja por 33% de retención más desdoblamiento cambiario, ya que se liquida por el oficial) e, incluso, el paro de comercialización de granos y de hacienda de 4 días, la semana pasada.
Por supuesto que en los asados pasados por agua del fin de semana se evaluaba que ahora habrá que barajar y dar de nuevo, ya que el Gobierno estará más exigido aún que antes, y es desde la exportación del campo, desde donde puede venir más o menos rápido, algún tipo de ingreso.
A ese nivel, la gente de comercio exterior ya comenzó a ver algunos “movimientos” de parte de China que estaría, otra vez, revisando tropas y frigoríficos, y ya habría recomenzado algunos embarques de pescado. El punto es que con virus o sin él, y aún con recesión, la población demanda comida y los stocks de intervención chinos estarían muy disminuidos a esta altura. Las preguntas que todos se hacen ahora es que magnitud puede llegar a tener el rebote; en que niveles de cotización se podrán ubicar los nuevos negocios, y si llegará a tiempo para evitar la debacle de muchas de las empresas que eran proveedoras, y hoy están jaqueadas, por la economía interna y por la mundial.
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