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25 de julio 2008 - 00:00

Clave: Albertista Capaccioli, casi afuera

Después de la aparición de Alberto Fernández en la ceremonia de coronación de Sergio Massa en su reemplazo, comenzaron en la Casa de Gobierno las conversaciones sobre permanencias y retiradas. Héctor Capaccioli, el hombre que maneja los subsidios de obras sociales en la Superintendencia de Salud, un íntimo del ex jefe de Gabinete, tras la renuncia de su jefe político y acosado por una investigación de la ministra Graciela Ocaña se tomaba horas para concretar su retirada. También la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, otra creación de Alberto Fernández, era mencionada en esa lista que recién se comienza a elaborar.

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Romina Picolotti, que podría abandonar su cargo de secretaria de Medio Ambiente, tenía igual un lugar reservado en la segunda fila de invitados en el acto de ayer. Concurrió con un novedoso saco que para algunos homenajeaba una flor y para otros, branquias de peces.
«Por ahora, esperen», les dijo Alberto Fernándeza una decena de funcionariosque, cada uno por su cuenta,le ofrecía una renuncia solidaria al saliente jefe de Gabinete. Y son más los que estacionaron en el gobierno de los Kirchner de la mano de Fernández.

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Esa espera también la pidió Cristina de Kirchner, para evitar el efecto dominó, que sin embargo ya ha empezado y seguirá con el correr de las horas.

El primero de los albertistas puros que abriría camino en ese éxodo es el titular de la Superintendencia de Salud, Héctor Capaccioli. Ya se lo dijo: «Quiero acompañarte en este gesto político», y pasaron a una cita gastronómica a concretarse hoy para hablar de ese y otros puntos del oficialismo en la Capital Federal, al cual tributan esos amigos de la adolescencia. Pero el superintendente, que a sus propios les ha confiado «creo que terminó una etapa», no desarmaría su escritorio sólo por un gesto hacia su compañero de la escuela secundaria, a su jefe en el despacho de legislador porteño, adonde Fernández llegó con una boleta que postulaba a Domingo Cavallo-Gustavo Beliz para la jefatura porteña y de la cual casi toda la lista terminó con un cargo cuando asumió Néstor Kirchner la presidencia de la Nación, en 2003.

Capaccioli se iría sin más si Cristina de Kirchner no frena una investigación que impulsa la ministra de Salud, Graciela Ocaña. Esa funcionaria, que emigró de las filas de Elisa Carrió hacia el kirchnerismo y que estuvo a cargo del PAMI en la gestión anterior, mantiene una fría relación con el albertista. La Superintendencia es un organismo autónomo dentro del área que comanda Ocaña, pero hace dos semanas la ministra hizo desembarcar allí a hombres propios en las dos gerencias clave del organismo: la Contable y la de Prestaciones. Por su parte, la gestión de Ocaña intentaba desplegar más hombres de su confianza en la dependencia, pero el aval de Alberto F. a los pasos de Capaccioli le impedía mayores movimientos.

Por lo tanto, Ocaña también habló de su renuncia, pero con Cristina de Kirchner, quien, al menos informalmente, se la rechazó el miércoles. El superintendente albertista aún no formalizó la nota, pero admitió ante este diario que «le propuse a Alberto acompañarlo en su decisión, pero él consideró que no debía ser de ese modo». Curioso, ya no es Alberto F. quien deba decidir si acepta o no renuncias y en el caso de Capaccioli, la definición no sólo la tendría ahora Cristina, sino que la Presidente deberá recorrer cada uno de los despachos de albertistas para tomar una decisión. Creen que lo hará, pero de a poco y con el correr de las semanas.

En la Superintendencia, Ocaña flanqueó a «Capa», dándole la gerencia de Control Económico y Financiero a Pedro Insausti, a quien delegó la delicada investigación sobre el otorgamiento de subsidios por varios millones de pesos a obras sociales y hasta habría promovido una denuncia de la cual Capaccioli dice no estar anoticiado.

Siempre, ese funcionario explicó que «me gustaba más la política de prevención en salud de Ginés González García», para disparar sobre la reemplazante del ex ministro y su accionar en la cartera sanitaria.

«La renuncia de Capacciolino tendrá que ver con la investigación, sino con Alberto», atajaban ayer en el ministerio de Ocaña allegados al despacho de la ministra.

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