En el primer tramo de la nota, Morales Solá censura el asistencialismo del gobierno con argumentos de sentido común.
Recuerda un par de datos interesantes que ya se publicaron hace tiempo en
Está lejos la nota, sin embargo, de un enfoque amplio del problema, como se desarrolló en este diario el viernes pasado, poniendo esta forma de hacer política en relación con un fenómeno de época como es el extraordinario contexto internacional en que le toca gobernar a Néstor Kirchner, el mejor desde 1953, y la abultada presión impositiva. Por lo demás, tampoco habría que rasgarse las vestiduras con el asistencialismo del gobierno actual, como si fuera una innovación. Lo es sólo en su abuso. El instrumento es viejo: ¿qué fueron las «cajas PAN» de Alfonsín, los « programas intensivos de trabajo» de Menem, los planes Trabajar que repartía «cash» De la Rúa o las « manzaneras» del duhaldismo? Con lenguaje juvenil, lo señala Silvina Walger en el mismo diario «La Nación» ayer: batir tanto el parche de las buenas costumbres en materia de política social es «un poco careta».
De este aspecto de la labor oficial, el columnista pasa a otro: la inflación. Dice algo simpático: Kirchner no puede pelearse con los manuales de Economía. Es cierto. A Morales Solá le basta con explicar que hay dos maneras de combatir la inflación.
Aumentando la oferta de bienes, por vía de más inversión, y enfriando la economía frustrando el entusiasmo del público, que consume más. Roberto Lavagna, les advierte el columnista a sus lectores, no enfriará la economía que es cosa de ortodoxos. Prefiere el primer camino. No sólo por razones ideológicas. También porque, si las inversiones que aumentan la oferta no se verificaran, la culpa sería de Kirchner y sus arrebatos antiempresarios, sobre todo en política de servicios públicos.
Como Morales Solá se asesora con Lavagna, que no es precisamente un «ortodoxo», no menciona otra estrategia de esta orientación para combatir la inflación: la apertura económica. Se trata de facilitar el acceso de bienes del exterior para contener el alza de precios que puede producirse por una desequilibrada presión de la demanda sobre la oferta, pero también por una oferta poco competitiva (por ejemplo, por los costos laborales e impositivos, que en la Argentina son una carga altísima para quienes producen). Pero esta forma de combate contra la inflación el columnista la ignora. Final francófono. Morales Solá defiende al embajador de Francia, quien según la nota sólo habló del populismo de Kirchner en relación con el caso Suez, no con el resto de su gestión. De acuerdo con el columnista, la negociación se rompió por el destrato del gobierno para con la empresa. El embajador, a la vez, sería un exponente de «siglos de experiencia diplomática francesa». No es exactamente lo que opinan los directivos de Suez, quienes le pidieron a Chirac la remoción del embajador Lott por haber filtrado la información de que la empresa pensaba abandonar la Argentina, precipitando así una ruptura que no parecía inevitable.
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