El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Esta vez el columnista incluye un muy buen trabajo imperdible como es recopilar, de empresarios, frases amenazantes y algunas hasta groseras del secretario de Comercio Interior del Gobierno, Guillermo Moreno. Fueron formuladas en las periódicas visitas que los que dirigen empresas deben realizar al despacho de este controlador oficial de los precios máximos implantados para casi todos los productos y tarifas de servicios públicos en el país como no se conocía desde hace 30 años (con Miguel Revestido desde 1973 a 1975 que terminaron con una descompresión violenta este último año con el «rodrigazo». (Ver nota en página central de esta misma edición.)
De Moreno se conocía que a un empresario le había mirado las manos y expresado: «Vos no me interesás, mandame al que tenga las manos curtidas porque ése trabaja y sabe la realidad de tu empresa». Pocas más había pero Morales Solá publica una antología de ejemplos de autoritarismo económico que vale la pena leer y recortar. Inclusive insinúa algo obvio que Ambito Financiero desarrolló más técnicamente en dos notas, una primera el viernes y la siguiente y última hoy: los congelamientos artificiales de precios impuestos desde los gobiernos terminan en la brusquedad de estallidos con costos superiores a los del inicio de su aplicación y más daño a la población que, en definitiva, no se benefició más que durante un lapso. Si el sinceramiento de los precios tarda surgen los mercados negros.
En la nota se le adjudica cierta inteligencia a Guillermo Moreno para manejar el tema. Puede tenerla pero con escasos conocimientos: no concibe que subas de precios puedan ser combatidas de otra forma que no sea por la fuerza del Estado imponiendo discrecionalmente precios máximos. Moreno se ve incapaz de medir cómo se afecta gravemente, fuera de su vista de gendarme controlador, la capitalización de las empresas algo que les impedirá dar más empleo o aportar más producciónincorporando inversiones que sirvan como real paliativo de precios por poder algún día satisfacer mejor la demanda.
Guillermo Moreno como funcionario queda por sus frases y amenazas ubicado en la línea del recaudador bonaerense Santiago Montoya. Ambos son sólo fruto de gobiernos donde el autoritarismo reduce día a día la democracia y no la considera prioritaria. Pero el bonaerense tiene algo más de razón porque enfrenta voluntaristas de la evasión impositiva. Los empresarios, en cambio, son despojados con los congelamientos frente a costos que suben fomentados por el mismo gobierno transfiriéndoles poder a los sindicalistas venales para asegurarse, con su complicidad, la propia tranquilidad política para moverse cómodos en la Casa Rosada.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
La columna de Grondona, ayer, consiste en una especie de consejo-programa para los políticos que quieran enfrentar a Néstor Kirchner y derrotarlo. Los puntos centrales de esa «hoja de ruta» son los siguientes:
Kirchner irá a la reelección en 2007, aunque lo niegue. Está haciendo, según el ensayista, lo que recomendaba Juan Perón: «Cuando quiera algo haga que otros se lo pidan y usted resístase un poco antes de aceptarlo».
El momento oportuno para enfrentar a Kirchner no es el de los próximos comicios, sino 2011. En principio, porque el gobierno está tan aferrado al corto plazo que sacrificará necesariamente el largo plazo. Grondona dice que, además, la sumisión que se exige a los políticos que adhieren al gobierno está generando otro corte, el de «los dignos». Los ejemplos serían, según la nota, José María Díaz Bancalari y, en el otro extremo, María del Carmen Alarcón. Otro factor de deterioro es la alianza con Hugo Moyano.
¿Qué debe hacer, entonces, la oposición si su derrota en 2007 está asegurada? Perder dignamente. Es decir, constituyendo una fuerza homogénea a la que el país pueda recurrir cuando quiera poner el poder en manos de un grupo que no responda al presidente actual.
VAN DER KOOY, EDUARDO. « Clarín».
Poca información y mucho mensaje oficial desarrolló ayer Van der Kooy en su nota del monopolio «Clarín». Se extiende largamente sobre la fortaleza del gobierno y la debilidad de la oposición y toma en serio la idea de Néstor Kirchner de llamar a una concertación, como la que se realizó en Chile en las postrimerías de la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, Van der Kooy aconseja que sería mejor ejemplo el del Olivo italiano. No explica el por qué de su receta. Tampoco dice que tanto el modelo chileno como el italiano se hicieron posibles porque no había una figura excluyente como es la de Kirchner. Es decir: nadie imagina que la primera puntada del tejido que se realizó en Chile o en Italia haya sido la convocatoria a una plaza para exaltar a un líder político determinado.
Adelanta el columnista que Kirchner está pensando en un mínimo cambio de gabinete. ¿Se refiere al reemplazo de Aníbal Fernández? También consigna que Alberto Fernández se reunió con Guillermo Nielsen, el secretario de Hacienda porteño a quien Jorge Telerman designó para pesar del Ejecutivo nacional. Al parecer, quedó superado el malestar. Finalmente, Van der Kooy informa que no se suspendieron las exportaciones de trigo de manera fulminante por un consejo de Felisa Miceli, quien se impuso al criterio de Guillermo Moreno.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/ 12».
De regreso del túnel del tiempo, adonde sigue peleando consigo mismo por hechos de hace más de tres décadas (tema de sus últimas notas), el columnista vuelve a la actualidadde la plaza del próximo jueves. Imaginareproducir en su nota los borradores del discurso que improvisará el Presidente; es imaginable que se los haya cedido Néstor Kirchner como material para su tarea, o también que el propio Verbitsky haya confeccionado ese borrador para uso del Presidente.
Lo más probable es que sea esto último si se repara en lo más útil de la nota, que son las recomendaciones que le hace al Presidente sobre el final del largo texto. Este se desangra reproduciendo los logros del gobierno Kirchner en los mismos términos que las gacetillas y solicitadas oficiales. Ese camino triunfal puede fracasar, termina diciendo Verbitsky, si el Presidente no cumple con un mínimo programa que sintetiza al final de su columna: no gobernar con los partidos tradicionales -algo que sí hace Kirchner en su provincia donde nunca ha abandonado la presidencia del PJ local-, capturar a los radicales a los que les gusta su gestión -algo obvio, ya que el peronismo del ciclo Duhalde-Kirchner en realidad aplica el programa de lo que fue la Alianza UCRFrepaso, incluso con muchos de los funcionarios de aquella gestión que no pudo cumplirlo-. Además le pide no escuche las críticas de los empresarios al programa del laboralista Héctor Recalde e identifica a la empresa que, según Kirchner -sin mencionarla en los reportajes de ayer- tenía ganancias de 33% y pedía aumento de precios (Coca-Cola). También le hace decir a Kirchner algo que ya expuso este diario: que el modelo de la concertación chilena no puede inspirar en nada a este gobierno.
A la Sociedad Rural, directamente se la amenaza con una sorpresiva respuesta que le dará el gobierno «política, pero no sólo política» a sus quejas por la política agraria que, afirma, pretenden la «deslegitimación democrática» del gobierno. Equivale a llamar golpista a ese sector. Esta expresión es una marca en el orillo del oficialismo y va siempre de la mano de otra, que también reproduce Verbitsky, y que es la mención a las altas -aunque improbables- marcas de popularidad del Presidente. El remate es la mejor simplificación posible sobre la reaparición de Roberto Lavagna: según el columnista es el candidato de la oposición de derecha argentina, pero que sólo tendría virtualidad en una hipótesis de catástrofe que le pide al Presidente evite usando la plaza del 25 «como disuasivo». Casi un parte de inteligencia.
Dejá tu comentario