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Si «Clarín» tituló su edición dominical con que Omar Chabán dice sospechar que el grupo Callejeros sabe quién tiró las bengalas incendiarias de la masacre de Cromañón, algo más que posible que sea así, es comprensible que el diario «La Nación» haya titulado ayer su tapa con un nota de este columnista donde dice «Cristina Kirchner es hoy candidata a presidente de la Nación». La necesidad tiene cara de hereje, dicen, y a veces a los diarios nos cuesta un «título de tapa» cuando escasea la información (si, además, este gobierno la mezquina). Por eso no es muy creíble la afirmación. Lo que pasa es que Morales Solá viene de un viaje a España -por eso no escribió su columna la semana anterior- y en la embajada allí suele « venderse» este tipo de afirmaciones bajo la presunción de «estar bien informados». Por otra parte, es la misma versión que les « vendieron» a periodistas de nuestro diario hace unos meses en el mismo lugar con la diferencia de que la dejamos deslizar sin mucho boato periodístico. Sobre el tema Cristina candidata a la primera magistratura rige lo que hace más de un año Kirchner le dijo a un gobernador de mayor confianza y que este diario publicó: «Si lo nuestro sigue bien encaminado podría no encaminar mi reelección». No se trataría en el matrimonio presidencial de aquel pacto de dictadores setentistas donde a Jorge Rafael Videla debía sucederlo sí o sí, por acuerdo previo a cambio de apoyo al golpe de 1976, el general Roberto Viola (algo que, en definitiva, se cumplió, pero luego a Viola tuvieron que inventarle un riesgo cardíaco para poder desplazarlo). Eran los días en que el ministro de Economía de Viola, Lorenzo Sigaut, decía «el que apuesta al dólar pierde» y otro subsecretario suyo, Hugo Lamónica, emocionado le entregaba regalos a Diego Maradona en el vestuario obnubilado por el jugador en plena juventud.
Lo de Kirchner hemos dicho -y recuerda Morales Solá- sería más del tipo de sus admirados Bill y Hillary Clinton. «Soñábamos con ser como ellos», declaró una vez Cristina Kirchner. Esta vez dijo, hace una semana ante la misma pregunta sobre su candidatura presidencial, «no tengo ya edad para fantasías».
A Néstor Kirchner le gusta jugar con esas afirmaciones que algunos cercanos repiten. Podría intentar la candidatura con Cristina para volver él por 8 años en 2011, e instalar una dinastía pero ¿qué haría Kirchner en el entretanto sin siquiera un cargo legislativo y siendo «reserva de poder? No se lo ve como príncipe consorte. Visitaría mensualmente a Hugo Chávez y quizá cada 45 días a Lula da Silva pero no se ha creado una imagen internacional para acogidas favorables. Otra: ¿se asumiría el riesgo electoral con una fórmula Cristina Kirchner-Julio Cobos (el gobernador radical de Mendoza con quien más simpatiza el matrimonio presidencial fuera de los gobernantes de propia tropa)?
Es cierto que mientras siga el boom externoy nada vaticina que tenga que cortarse para la Argentina en exportación de alimentos, por lo menos habrá dinero para repartir y no hay populismo que, con plata para subsidiar, pierda una elección. Es cierto para Chávez, para Kirchner y lo será para Evo Morales si logra plata para repartos, aprovechando la carencia de energía de sus vecinos. Además, la campaña electoral del oficialismo el año próximo ya está prácticamente hecha: inaugurar en 2007 todas las obras o parte de ellas, encaminadas desde 2003 y 2004, quizá algunas desde 2005. Con entregas de viviendas, o cloacas, o túneles y puentes cada 10 días el gobierno puede candidatear a quien quiera. Pero hay riesgos que el gobierno no ve o directamente no cree que existan. Los « precios congelados» están destrozando a muchas empresas y productores, más si siguen prolongándose; los desbordes en exigencias sindicales agobian a la casi totalidad del sector productivo y ahuyentan inversiones; el problema energético es serio; la inflación reprimida con imposiciones o subsidios puede desbordar ante cualquier cambio de gobierno y en forma de estallido, como sucedió con la convertibilidad en 2002 cuando decaía el gobierno y no estaba más Cavallo. No es fácil entonces candidatear a Cristina. Aunque no sea así se va imponiendo la afirmación de que «con Roberto Lavagna podríamos tener el mismo buen pasar que con Kirchner y sin tanta agresividad y tensión permanente». Con una forma totalmente distinta de gobernar y conducir desde la presidenciala economía y la democracia no le es fácila Chile sobrellevar hoy la gestión de Michelle Bachelet, su presidenta que despierta muchas dudas que con su antecesor Ricardo Lagos no existían. Hay un «mundo Kirchner» que se mueve aparte de todos estos razonamientos pero igual nadie asegura la candidatura de Cristina Kirchner. Más aun: hay quienes creen que en la interna del gobierno acentúan estas versiones para verduguearlo un poco al ministro Julio De Vido por el enorme poder que hoy tiene.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
El ensayista describe, con gran poder de síntesis y claridad, cuál es la nota central del agravio que los superpoderes infligen a la democracia. También sugiere, más veladamente, algunas características inquietantes del gobierno actual.
Grondona recuerda hasta qué punto desvelóa la dirigencia posrosista la cesión de facultades extraordinarias al Ejecutivo: a quienes las otorgaran la Constitución les reserva el título de «traidores a la Patria». Después, el artículo se demora en el vicio principal de la actual concentración de poder en la Presidencia: ya ni siquiera se trata de facultades extraordinarias, en el sentido de la excepcionalidad que justifica su establecimiento. Es decir, el gobierno pide para sí poderes especiales para siempre. Aun cuando pase la emergencia. Si es que se puede hablar de emergencia cuando se crece, con fuerza, durante cuatro años consecutivos.
Cristina Kirchner Jorge Telerman Esta observación hace que Grondona analice el impacto de esta pretensión de Néstor Kirchner a la luz del magnífico «Comentario a la 'Primera Década' de Tito Livio», de Maquiavelo. Allí recuerda que el sentido peyorativo que tiene la palabra «dictadura» fue adquirido con la experiencia de Julio César, quien quiso convertir en vitalicio lo que era por definición excepcional. De la Roma antigua pasa de nuevo a la historia argentina y señala: los gobiernos pueden ser ilegítimos por su origen, como los que no surgen de elecciones libres. Pero pueden también tener una «ilegitimidad adquirida»: cuando se desvían en el ejercicio de sus facultades.
Grondona no dice si ya cabe a Kirchner esta definición, que sí abraza a Hugo Chávez. Pero se pregunta: «¿Habrá que acudir a la Corte Suprema como la última garantía republicana que nos queda» una vez que el Congreso abandone su misión de contralor del Presidente? Así termina el ensayo.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
La entrega de este domingo parece dominada por un espíritu crítico que aparenta ganar algunas páginas de «Clarín», una de las rarezas del periodismo de estos días que seguramente tiene como motivo no una opción doctrinaria o informativa, sino alguna de las miserabilidades que a veces mueven los actos del monopolio.
Sin información nueva, repasa el debate sobre superpoderes y decretos de necesidad y urgencia como otra de las crispaciones en las que se embarca el gobierno ante el público. Señala la incapacidad del gobierno de dar un debate, pero modera esa crítica reprochándole a la oposición moverse con inexactitud e ineficiencia.
En tren de criticar al gobierno, elogia un proyecto del oficialismo que resultaría peor que el que avanza en estos días y que consagraba las decisiones del jefe de Gabinete si el Congreso no las rechazaba dentro de un plazo de 30 días.
El aire crítico de la columna alienta también la observación que le hace Van der Kooy al gesto del gobierno de sostener este proyecto con el argumento de que hay una emergencia nacional que hace necesarias herramientas de urgencia. Para la oposición, esa emergencia ya pasó en la Argentina del superávit fiscal y que se desendeuda con cargo a las crecientes reservas.
Con tal de mortificar al gobierno, aunque fuera un poquito, el columnista enumera todos los juicios de acreedores financieros externos que amenazan al país y que el gobierno intenta frenar con el argumento de que el default a los títulos que no entraron en canje se justifica en una situación de emergencia nacional desde 2001.
Raro que el columnista no aproveche para el comentario los flancos abiertos por el gobierno con las andanadas contra la prensa en la semana que pasó. Le endilga a la primera dama una «fobia» contra la prensa y conducirsesin humildad al hablar en el Senado. A su esposo amaga con otra crítica (prometer reformas en la actividad política, pero avanzar en su alianza con los partidos tradicionales -PJ, UCR- que le acercan apoyos). Para rematar, el columnista se dice desconcertado con un Kirchner que prometió al mundo moderar a Hugo Chávez en sus excesos, pero que tras el viaje a Venezuela -como ya dijo este diario- no se sabe quién controla a quién.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/ 12».
Consecuente con campañas anteriores contra la administración de Aníbal Ibarra en la Ciudad de Buenos Aires, rompe una lanza en favor de la de Jorge Telerman, a quien saluda por cómo enfrentó la usurpación de viviendas en el Bajo Flores. No haber hecho intervenir a la Policía le parece un acierto del subsecretario de Seguridad Luis Tibiletti, exaltado al cargo por el mismo Verbitsky. Haber negociado con los usurpadores lo saluda como un triunfo de Gabriela Cerutti, una ex periodista a la que este columnista ha tenido como redactora de informes para sus libros y también como delegada en la polémica Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires, oficina donde los dos terminaron enfrentados con Estela de Carlotto por manejo de fondos públicos. Estos gestos son posibles porque esta gestión Telerman, dice Verbitsky, sucede a la de Ibarra, que carecía de militancia y de política, algo que no explica a los lectores.
El único reproche que le hace a la gestión Telerman tiene nombre y apellido: Guillermo Nielsen, a quien le augura poco tiempo en la Secretaría de Hacienda porteña en una frase que no se sabe si es una orden o un vaticinio.
Se cuida de identificar a los responsables de esas usurpaciones que reaccionaron, según una presunción no sólo de Verbitsky, ante la expansión del sistema de «ciudadanía porteña», un mecanismo de asistencia a los pobres mediante una tarjeta personal que pretende quebrar el clientelismo en la asistencia social.
El resto de la columna se va en explicaciones positivas de señales negativas del gobierno. Una justifica por qué parece que se amplía la desigualdad social en la administración Kirchner, algo que atribuye a una percepción basada en los métodos de cálculo del crecimiento y distribución de la riqueza.
Sobre el Consejo de la Magistratura, festeja un fallo judicial que rechaza impugnaciones de la oposición; atribuye además el debate sobre superpoderes a la ambigüedad de la constitución de 1994
Tiene que admitir en materia de decretos de necesidad y urgencia que Cristina de Kirchner «cambió de bando», busca poner al Ejecutivo a resguardo de sobresaltos y que concentrar poderes en el Ejecutivo reduce la participación del público y aumenta el poder de los lobbies. Las críticas al periodismo no le llegan al columnista, que las cree un rasgo de provincianismo y no un ataque a la libertad que considera amenazada si el gobierno no promueve la eliminación del delito de calumnias e injurias a funcionarios.
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