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27 de agosto 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Benedicto XVI
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


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¿Aspirará Morales Solá a reemplazar en un futuro cristinista a Horacio Verbitsky en el rol que éste tiene de periodistaasesor con Néstor Kirchner? Cierto es que la senadoracandidata tiene una debilidad especial por el columnista de «La Nación», a quien distinguió con el único reportaje que ha dado a un cronista criollo durante esta campaña. Pero la retribución que le hace el colega en la nota de ayer es un poco exagerada:

1. Afirma que Kirchner acertó en dos decisiones con «talento político»: la primera, designar a su esposa como candidata. No le merece ningún reproche al columnista este hecho además monárquico de «nombrar» desde el Estado candidatos, y menos el nepotismo del casting. La segunda, elegir a Daniel Scioli como candidato en Buenos Aires. ¿Qué talento revela jugar con el grandote del barrio, apostar a ganador?

2. También que Cristina de Kirchner es distinta de su esposo. No explica en qué, pero como es habitualmente crítico con el Presidente, deja la impresión de que cree que ella es mejor que él. Por eso le reclama que sincere esa diferencia en buenas decisiones, que pasa a describir.

Primero, que en un futuro gabinete se deshaga del trío Uberti, Varizat, Jaime. En realidad, ya lo hizo Kirchner en los dos primeros casos. Al secretario de Transporte le atribuye discrecionalidad en el reparto de subsidios en esa área. ¿ Alguien cree que esos tres personajes no tengan nada que ver con el matrimonio presidencial? No se cuestiona el columnista tamaña ingenuidad.

Buen dato el que consigna sobre el affaire del valijero venezolano: el cónsul de su país pidió tratamiento vip a la Cancillería argentina para Guido Antonini en su tránsito hacia el Uruguay. Otra prueba de que los compromisos del polizón en el avión de ENARSA llegan al corazón chavista.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


Con más humor que seso, Verbitsky muestra otro paso de su proceso de conversión. Lo hace metiéndose en la pelea interna de los obispos católicos sobre la manipulación del documento emitido por la Conferencia Episcopal de América Latina (CELAM) al final de la reunión de Aparecida, Brasil. Ese documento fue retocado por el Vaticano y sus personeros para eliminar expresiones que consideró lesivas para el pensamiento tradicional que defiende el actual papa Benedicto XVI. ¿Y qué? Como si Verbitsky condicionase su pertenencia a alguna iglesia en caso de que el documento dijera otra cosa. Si no le gusta, seguramente alguna otra iglesia, cristiana o no, se interesará por su concurso piadoso y querrá sumarlo a sus filas.

Da gracia leer estas astracanadas de un Verbitsky que reconviene en cuestiones pastorales y hasta teológicas a los obispos, como si éstos leyeran sus notas para tenerlas en cuenta en sus documentos (lo hará seguramente algún curita cholulo que busque su amparo periodístico, algo habitual en algunos políticos y funcionarios). Cree Verbitsky que hace alguna contribución al exponer las críticas al documento del CELAM que esboza un grupo de sacerdotes denominado «Carlos Mugica» y por la organización Atrio, de Valencia, España, para quejarse de que la Iglesia de Roma es conservadora. Claro que lo es, como todas las iglesias, y como también es conservador Verbitsky, que se ríe de los obispos en el estilo de las imprecaciones anticlericales de los comunistas de los años 30.

Ingeniosa, es cierto, aunque hiriente, esta frase de la columna de ayer: «Que la última monarquía absoluta del mundo enseñe cómo debe ser la democracia, que una institución que todos los años organiza una colecta para repartir limosnas entre los pobres fustigue las dádivas y el clientelismo y que un club de sexagenarios célibes dictamine sobre la vida marital y sexual de los jóvenes es para hacer donaire».

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Como si estuviera anotado en la lista de candidatos, «el Profesor» lanza la campaña electoral con una consigna: ¿cómo y cuándo acabar con la hegemonía kirchnerista? Como si toda la ciudadanía diera por descontado que esa consigna debe cumplirse, desarrolla sus críticas a lo que considera es el proyecto de los Kirchner: perpetuarse en el poder durante cien años.

Es difícil que ése sea el proyecto oficial: también que sea el deber de los opositores frustrarlo. Por eso alza el énfasis y alecciona a los candidatos antigobierno (Sobisch, Lavagna, López Murphy, Rodríguez Saá) a asumir la tarea de «salvar la República».

Como es habitual en él, Grondona ensaya un reparto de roles históricos entre los protagonistas de la política actual. Mauricio Macri actúa en su columna de «Cónsul Fabio», quien recomendaba en la antigua Roma enfrentar a Aníbal con una guerra de desgaste. Frente a él, recuerda «el Profesor», otros generales, como los candidatos anti-Kirchner de hoy, comenzaron un ataque masivo e inmediato. Según Grondona, ése es dilema de hoy: si matar al kirchnerismo hoy o hacerlo de a poco. Sería bueno que tuviera a bien avisarle al Presidente, aunque fuera para quitarle el sueño por un día.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Plantea el columnista uno de los temas clave de la política de hoy, el de los candidatos que se autoconsagran sin examen de la sociedad a través de los partidos. Pero agota el esfuerzo en la descripción.

Se lamenta de que la oposición al gobierno se mueve con «terquedad, improvisación política y perversión» y no logra explotar los desaciertos del gobierno. Les reprocha a los dos no haber sometido a sus candidatos a internas, pero lo justifica en el fondo.

¿Debió Néstor Kirchner someter el nombre de su esposa a examen en el PJ? Van der Kooy cree que no, porque el PJ se está «descascarando», cuando una de las causas de ese descascaramiento es la conducta del propio Kirchner.

¿Debieron Macri, Carrió o López Murphy hacer lo mismo en sus respectivos partidos? El columnista entiende que no, porque sus partidos son endebles y giran en torno a sus personas. Entonces que no creen partidos de esas características.

Una crisis como la que vivió el país elimina muchas restricciones, al poder, a los partidos, a los dirigentes. Por esa crisis, causada por los políticos, es que les desaparece la restricción de cumplir la ley electoral, o de someter sus candidaturas a internas de selección.

Van der Kooy amaga con disculpar de este mal a Roberto Lavagna porque, dice, lo avaló un sector de la UCR. Tampoco vale la disculpa, porque la UCR ha intervenido, o ha intentado hacerlo, a todos los distritos que se opusieron a la candidatura del ex ministro.

Como Grondona en su columna, se lamentatambién este colega de las desprolijidades del novato acuerdo entre Elisa Carrió y Ricardo López Murphy, como si desease que se convirtieran en una alternativa de gobierno. También parece Van der Kooy haber iniciado la campaña electoral.

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