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Más informado que lo habitual en sus columnas, Van der Kooy aporta lo siguiente: 1) Que Néstor kirchner mandó a «cuidarlo» a Felipe Solá para que no se vaya por ahora del bloque, no porque quiera retenerlo sino porque haría más daño afuera que adentro de esa formación. 2) Confirma que el club de países que reúne a los desarrollados y a los emergentes -el G-20- quiere reducir el número a 3, eliminando a la Argentina y reteniendo sólo, por la región, a México y Brasil. 3) Que el actual viceministro para asuntos hemisféricos de los EE.UU., Tom Shannon está en la lista corta para reemplazar, cuando toque, al embajador de ese país en Buenos Aires, el movedizo Earl Anthony Wayne.
El resto del servicio repasa por arriba los temas de la semana, relata cómo magnifica el gobierno un triunfo seguro en Diputados en el tratamiento del proyecto de estatización de las jubilaciones. Se queja de que la oposición está « aturdida», cuando ese calificativo no es exclusiva de ella sino también del gobierno. Asimismo reseña los esfuerzos de Néstor Kirchner por amigarse con el peronismo al que desairaba tanto cuando era gobierno, y se echa en brazos de los adversarios internos de Córdoba, Entre Ríos o Santa Fe y, por necesidad, se saca fotos de compromiso con quienes había jurado no verse más, como Juan Schiaretti (a quien malquiere desde que lo veía, dice, ser un enviado de Domingo Cavallo a apurar gobernadores cuando todos eran menemistas), Jorge Busti (el más movedizo de todos los dirigentes del peronismo del interior) o Carlos Reutemann.
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Como aquellos cronistas reales de la vieja Europa que reseñaban los hechos del presente de sus mandantes para que esa versión fuera la oficial en los siglos venideros, este columnista-asesor dedica la entrega de ayer a resumir lo que cree son los éxitos del gobierno: 1) Superó la crisis del campo. 2) Propone una salida «progresista» a los efectos de la crisis global en la economía argentina. 3) Salva a los jubilados o candidatos a serlo, de las AFJP. Afirma todo esto con la pasión de quien debe defender lo indefendible, como un profesional. Aunque si lo fuera del periodismo no hubiera podido decir que Barack Obama es un «outsider» de la política de su país. El electo presidente de los EE.UU. es un personaje de biografía singular, pero es un producto del Partido Demócrata del este de su país, un señorito (diríase en Madrid) educado en Yale, senador por Chicago, la tierra que hizo presidente merced a los tejemanejes del cacique local, otro miembro de la familia Daley (la misma que lo acompaña ahora a través de un nieto del entonces alcalde de esa ciudad) a otro mandatario como John Kennedy, a quien nadie tampoco podría calificar, por las mismas razones de un «outsider».
En el rap de oficialismo manso que ejecuta Verbitsky ayer incluye un elogio al manejo que hace el kirchnerismo del Congreso; fantasea con que ha sido la sede de la soberanía popular durante el actual gobierno. Eso es lo que es el Congreso técnicamente, y lo ha desvirtuado, por ejemplo, el tratamiento que el gobierno exige a los legisladores de leyes como el Presupuesto, al cual el Congreso no le pudo tocar una coma, pese a que en el propio kirchnerismo había reproches serios a la extensión de facultades especiales para manejar partidas de dinero, o por quienes califican a la ley votada de una ficción de cálculo de gastos y recursos porque simula valores para inflación o tipo de cambio que se dan de patadas con la realidad. Todo para ampliar los montos de que podrá disponer en el futuro el gobierno por los superpoderes sobre partidas «infladas» por el cálculo creativo de las variables de la economía.
Las peripecias del oficialismo y de la oposición en torno al proyecto de estatización de la AFJP (que el columnista defiende a rajatabla) le revelan al columnista que puede cumplirse el sueño que comparte con su colega Mariano Grondona y también con Néstor Kirchner: que el mapa electoral argentino se dividirá alguna vez en dos grandes partidos, uno de izquierda y otro de derecha. Ese sueño lo vienen dibujando hace décadas sociólogos y otras variables del portantierismo, pero la realidad se ha encargado de desengañarlos.
El columnista se permite siempre que derrama elogios, algunas críticas: esta vez le toca al jefe de los fiscales Esteban Righi por haber recortado las atribuciones del fiscal nacional de Investigaciones Administrativas para ser parte en causas judiciales sobre funcionarios. Se ríe, como siempre -aunque no con argumentos sólidos, apenas los estéticosde las lindezas de Guillermo Moreno en el INDEC. De lo que no se olvida es de Elisa Carrió, de quien se burla hasta por su fe religiosa («sigue el dictado de otras voces», ironiza).
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
Sin mucha información nueva, el columnista centra el comentario en cómo el gobierno malversa las normas republicanas y hasta alguna ley con tal de cumplir con sus proyectos. Enumera los controles que el gobierno aplica por izquierda, como el que hace sobre los precios, el tipo de cambio, las transacciones financieras privadas o cómo anula el poder que los organismos de control podrían ejercer sobre los funcionarios.
Ese sistema, que Morales Solá evita llamar «hipócrita», es lo que cree ha minado la confianza en el sistema político y económico de la Argentina, país del cual se han ido u$s 12 mil millones en siete meses por la sucesión de trapisondas provocadas desde la Casa de Gobierno. Es la consecuencia de las acciones de un gobierno en donde rigen las libertades para coartarlas con presiones como las que se le atribuyen a Guillermo Moreno sobre quienes actúan en el negocio cambiario creyendo que la Argentina es un país libre.
Recoge en un pasaje de su panorama la idea de Francisco de Narváez de hacer una interna entre todas las fracciones de la oposición. Le atribuye ahora la iniciativa al radical Ernesto Sanz y se entusiasma con esa posibilidad. Alimenta ese propósito también Felipe Solá -se cree ganador en una interna de este tipo que, sabe, terminan siempre en un arbitraje de encuestasy cuyo abandono del bloque oficialista en Diputados vuelve a anunciar para «las próximas horas». Si esta vez Solá cumple, será la principal noticia del columnista de «La Nación».
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