Juan Domingo Perón. Arturo Humberto Illia. Roberto Viola
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Gral. Pedro Eugenio Aramburu (de facto, 1955-1958). Privatizó los medios de prensa en poder del Estado. Al frente de la revista «Mundo Argentino», por ejemplo, puso al escritor Ernesto Sabato. Era militar adusto y tuvo trato distante con los periodistas que recién comenzaban a hacer presencia en la Casa de Gobierno tras el cerrado período de Perón (1946-1955).
Arturo Frondizi (1958- 1962). No le gustaban los periodistas, pero nunca los interfirió. Cuando pedían verlo en su despacho antes golpeaba el suelo con el taco del zapato para que viniera el ministro del Interior Roque Vítolo y estuviera presente (el piso del despacho presidencial, aún hoy, es techo del escritorio del ministro del Interior debajo). Vítolo fue uno de los más hábiles para atender periodistas acreditados. Escuchaba sus preguntas. Ante la que no le gustaba, miraba al que la formulaba en silencio, sonreía y miraba al siguiente. De esa manera, si alguien le preguntaba si renunciaría, nunca saldría el título incinerante de: «Negó Vítolo su renuncia», que es la trampa en que los políticos pueden caer para ayudar a crear la idea de su posible dimisión. Frondizi hacía conferencias de prensa -inclusive aconsejaba cómo reformular mejor la pregunta adaptándola a lo que quería en realidad responder-. Se circulaba libremente por la Casa de Gobierno. José María Guido (1962-1963). No daba conferencias de prensa, pero hablaba con los periodistas en los pasillos. Guido ordenaba hacer puchero de gallina y mantenía con correligionarios reuniones hasta las 4 de la mañana en la Casa Rosada y había guardia periodística hasta esa hora. Plena libertad para la prensa. Arturo Illia (1963-1966). Se hablaba con él en cualquier parte de la Casa de Gobierno. Además, reunía a los periodistas para una «picada» con vermut los sábados en la residencia presidencial de Olivos. Fue un presidente democrático y de los más amables con la prensa.
Juan Carlos Onganía (de facto 1966-1970). Se distanciaba de los periodistas. Todo lo informaba por comunicados a la Sala de Prensa de la Casa de Gobierno. Trabó la información. Su secretario de prensa, con la excusa del ahorro, unificó todas las radios que transmitían el mismo noticiero. El mismo Onganía principalmente informaba, lo que quería, por radio y televisión simultáneas. Pero nunca trabó la circulación de los periodistas por cualquier lugar de la Casa de Gobierno lo que permitía a la prensa recoger información entre los que concurrían a verlo a su despacho.
Roberto Marcelo Levingston (de facto 1970-1971). Llegó a dar una conferencia de prensa en la Sala de Situación. Se circulaba por la Casa de Gobierno y se obtenía información de visitantes, pero fue frío y distante con la prensa.
Alejandro Agustín Lanusse (de facto 1971-1973). Fue un período de esplendor para los periodistas en la Casa de Gobierno. Tenía un famoso jefe de prensa (Edgardo Sajón, desaparecido en 1976) que estuvo vinculado al diario «La Opinión» y era amigo personal del gran jefe de los distribuidores de diarios, el legendario «Cholo» Peco. Los periodistas lograban toda la información que deseaban y hasta obtenían, además, conferencias de prensa con picardías. Por ejemplo, Enrique Llamas de Madariaga, muy amigo de Sajón y conocido de Lanusse, hacía las preguntas que el presidente tenía interés en responder. Todo con amabilidad.
Juan Perón (1973-1974). Tenía la costumbre de salir a caminar por el patio de las palmeras de la Casa de Gobierno y aceptaba allí que le hablaran algunos periodistas como Roberto Di Sandro y Osvaldo Piñero. Perón permitía libre circulación por la Casa Rosada. No daba muchas conferencias de prensa porque hacía largas disertaciones por radio y televisión. Pero una vez hizo algo insólito: dio una conferencia de prensa en la misma Sala de Periodistas.
Isabel Perón (1974-1976). No se exponía a preguntas de la prensa y basaba toda la comunicación en jefes de prensa, como José Stupenengo.
Gral. Jorge Videla (de facto 1976-1981). Duro y poco contacto con la prensa. Tenía un jefe de prensa, el capitán Carlos Carpintero, que citaba editores y profería indicaciones que sonaban amenazas por incumplimiento. Pero admitía que los periodistas circularan por la Casa de Gobierno recogiendo información.
Gral. Roberto Viola (de facto 1981). Suavizó la relación con la prensa. Recibía periodistas e iba a programas de televisión.
Leopoldo Galtieri (de facto 1981-1982). Por la Guerra de Malvinas se reunía con los periodistas acreditados día por medio, aunque era notorio que trataba de engañarlos sobre la evolución de la guerra. Pero persistía. Perdido el enfrentamiento, volvió a distanciarse de la prensa.
Reynaldo Bignone (de facto 1982-1983). Tuvo continuo contacto con la prensa, casi diario, mientras preparaba el advenimiento de la democracia. Eran ya los militares ablandados por el revés de Malvinas. Citaba Bignone a periodistas o editores a su despacho para conversar.
Raúl Alfonsín (1983-1989). Daba una conferencia de prensa por año, pero aceptaba diálogo con periodistas luego de cada acto. Se circulaba libremente por la Casa Rosada.
Carlos Menem (1989-1999). Batió el récord de todos los presidentes en el contacto con la prensa. Fue el único que se sentaba a charlar en cualquier escritorio de los periodistas, aunque siempre sonriendo desinflaba toda pregunta que no le gustaba.
Fernando de la Rúa (1999-2001). Fue amable y permitió total libertad a la prensa en la Casa de Gobierno. Recibía a la prensa en el despacho presidencial y una vez se detuvo en la puerta de la Sala de Periodistas e improvisó declaraciones.
Adolfo Rodríguez Saá (una semana, 2001). Es recordado por una anécdota. Implantó un «corralito» real en la planta baja, salón de los bustos, y allí se paraba un rato para que los periodistas le hicieran libremente preguntas. Fue curioso, porque afuera existía el «corralito» financiero.
Eduardo Duhalde (designado 2002-2003). Permitió libertad total al periodismo en la Casa de Gobierno. Inclusive citaba a periodistas a almorzar en Olivos.
Néstor Kirchner. A doce días de asumir, prometió en el Día del Periodista una conferencia de prensa a los periodistas acreditados a los que conocía porque cuando era gobernador de Santa Cruz siempre pasaba a saludar y formular declaraciones si visitaba la Casa Rosada. Nunca brindó ninguna. No permite que lo entrevisten periodistas acreditados y es el único mandatario en 55 años, incluidos los regímenes militares, que prohibió la circulación de los periodistas por la Casa de Gobierno, salvo que los inviten cuando hay un visitante que al gobierno le interesa difundir. Lo mismo en fotos y filmaciones donde sólo entra en reuniones del Presidente el fotógrafo oficial que luego reparte copias, salvo visitantes especiales, donde también convocan a los fotógrafos y a los cameramen de medios.
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