Este diario advirtió el lunes pasado la gravedad del trascendido sobre una reforma constitucional si ganase Kirchner otro mandato. ¿Para qué sería sino para alcanzar lo que logró cuando era gobernador, es decir, una reelección indefinida? El viernes en Nueva York reflotó la idea, pero para eliminar las reelecciones presidenciales y volver al mandato único de seis años. No dio razones más que un gusto personal. Ayer, sus funcionarios confirmaron que el Presidente habló de una reforma antirreeleccionista, pero no como proyecto para emprender ahora. ¿Cuándo lo haría? Sin respuesta. ¿No será una repetición de la historia de Perón, que llamó a una convención reformadora en 1949 que debía rechazar la reelección y que se la votó sin discusión? Todos ingredientes para una mayor confusión desde el vértice del poder, que es de donde debería venir la claridad.
Néstor Kirchner volvió a agitar el fin de semana la aventura de una reforma constitucional. Era un tema que la prensa comentó hace una semana y lo repitió, como un ensayo, en Estados Unidos. en una charla informal con periodistas argentinos que cubrieron su gira por ese país.
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Ayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, avaló la idea aunque descartó que una eventual reforma pueda producirse durante el mandato vigente del patagónico. Una obviedad: no darían los tiempos ni el clima político para esa alquimia del gobierno.
Fernández, de caminata por la Capital, distrito donde intenta con éxito esquivo instalarse como candidato, admitió que Kirchner considera mejor la alternativa de «un plazo presidencial más largo» y que «supondría revisar el caso de la reelección». Kirchner, según lo que charló con periodistas en EE.UU., piensa sobre ese punto que es mejor un mandato largo, que dos con reelección de por medio. Es decir: que preferiría el antiguo régimen de 6 años, antes que el actual de 4 con opción a un segundo mandato.
El Presidente admite, con esto, errores en la reforma constitucional de 1994, en la que fue convencional sin objeciones junto con su esposa, Cristina Fernández. En Santa Fe, ambos, fueron activos promotores de esos cambios que allanaron un segundo mandato para Carlos Menem.
En torno a esa idea, que Kirchner comenta en charlas informales hace tiempo, orbitan diversas cuestiones:
La opción de una reforma no está, en la actualidad, en la agenda de Kirchner. Sus comentarios, como el que refiere a que no quiere ir por su reelección,forman parte del juego que divierte al Presidente. No hay tiempos electorales -montar la ingeniería de una Constituyente- ni temperatura social para avanzar con una reforma que, seguramente, abrirá otros debates.
Asimismo, con un Kirchner que reformó numerosas veces las normas electorales de Santa Cruz, y retocó la Carta Magna provincial para tener reelección indefinida como gobernador, la oposición podría temer que en realidad la idea de volver al mandato de seis años, podría ser la excusa para abrir una discusión que conduzca, luego, a la reelección indefinida.
Es un temor razonable: a juzgar por los procesos que Kirchner impulsó en la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura y el manejo rígido, extremo, sobre ministros, legisladores y gobernadores, ¿qué garantiza que Kirchner no intentará amoldar las leyes a su conveniencia? Lo hizo en su provincia, lo hace con la Justicia ¿por qué no lo haría con la Constitución nacional?
En el gobierno, al tiempo que advierten que 2007 no será un problema electoral pero que sí puede serlo el año 2011, cuando admiten que el «desgaste» de la gestión Kirchner puede ser mayor, aplacarse la primavera de ingresos por commodities y el megaconsumo de China, y en ese esquema, Kirchner no podría reelegir si ya repitió en 2007. Cristina, más allá de lo que sostengan los amanuenses de la Casa Rosada, la primera dama está varios escalones por debajo de su esposo en términos de atractivo electoral. Y en 2011, tras ocho años de gobierno, es probable que la perspectiva electoral de Cristina sea más precaria que en la actualidad, mientras que la oposición podría en cambio contar con el beneficio del agotamiento de una gestión larga y conflictiva como la de los Kirchner.
En paralelo, Kirchner, en EE.UU., y Alberto Fernández, ayer desde la Capital, trataron de desvanecer la sospecha al explicar que mientras preferirían un solo mandato, pero largo, a nivel nacional, aceptan reelecciones indefinidas para gobernadores e intendentes. «Está bien que se le permita porque las provincias tienen un sistema de desarrollo institucional diferente de la Nación, con un control social muy alto», dijo el ministro. Tomó como ejemplo, la Constitución de Estados Unidos «que tiene sólo una reelección (a nivel nacional) y no prevé límites a la reelección de los gobernadores». Fue, claro, el modelo sobre el que se confeccionó la primera Carta Magna nacional.
Tiempo atrás, Roberto Lavagna alertó sobre un viaje de Luis D'Elía a Misiones, para respaldar a Carlos Rovira, el gobernador que busca una reforma de la Constitución para lograr una reelección que ahora le está negada. Lavagna dijo entonces que podía ser el primer paso para que luego ese formato se refleje a nivel nacional. Con la misma lógica se interpretó la intentona de Felipe Solá para pedir una interpretación de la Constitución bonaerense para que le autoricen un tercer mandato.
Logra Kirchner, además, otro impacto: instalar una discusión que, como mucho, podría plantearse seriamente en dos años y le sirve al gobierno para entretener cuando lo abruman, por ejemplo, problemas como la crisis energética, a los que no le encuentra solución.
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