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4 de octubre 2004 - 00:00

Cristina Kirchner antes de fin de año viaja a La Habana

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La visita de uno de los miembros de la pareja presidencial a la isla fue motivo de idas y vueltas en la mesa chica del gobierno («esa que no existe pero en la que quiero estar», dice Aníbal Fernández). Nadie quiso jamás poner como clave de esas intermitencias la relación con los Estados Unidos. El gobierno y hasta el propio Valdés prefirieron decir, hasta cambiar de criterio, que la demora en el viaje se debía a la reticencia del régimen de Castro para autorizar a la prestigiosa médica Hilda Molina a viajar a Buenos Aires para ver a su hijo, radicado en el país. Fue una de las razones que expuso Rafael Bielsa ante su colega, el canciller Felipe Pérez Roque, durante la reunión que ambos mantuvieron en Nueva York hace diez días. Es cierto, la posición del gobierno actual es variada respecto de Cuba. Uno de sus apologetas, el periodista Horacio Verbitsky, ofreció un discurso sobre las relaciones entre Estados Unidos y América latina sin hacer una sola mención a Cuba. Una distracción imperdonable en alguien detallista o una concesión inesperada a quienes lo invitaron a hablar: los organizadores de la conferencia anual de «The Miami Herald». ¿O será verdad que para recibir financiamiento americano este admirador presidencial debe no manifestar inclinaciones pro castristas, como escribieron sus detractores?

¿Habrá novedades para la doctora Molina? ¿O el núcleo decisivo del gobierno resolvió que Cristina realice el viaje a pesar de la indiferencia castrista ante el reclamo argentino? El vuelo de Cristina a Cuba forma parte de las relaciones con el gobierno de la isla. También de las del kirchnerismo con el gobierno de los Estados Unidos. Pero para la comidilla local es un capítulo del cambio de relieve de la figura pública de la señora de Kirchner, a quien se estudia a diario como eventual candidata en la provincia de Buenos Aires para las legislativas del año próximo.



Conspirativos, acaso propensos a sobreinterpretar, un funcionario caracterizado de este gobierno explicó: «No olvide nunca que el actual oficialismo argentino es aliado del socialismo chileno y mantiene relaciones tensas con la democracia cristiana a la que pertenece Walker. ¿O Cristina no viajó hace poco más de un mes a mantener reuniones con los socialistas ignorando olímpicamente a la otra ala de la coalición?». Importan poco estas lucubraciones, si se las compara con las dificultades que tendrá Lagos en revertir la relación con Kirchner a la instancia anterior a la divulgación de esta nota de su canciller.

El viaje a Cuba no tendrá menos atracción para los polemistas. ¿Se verá Cristina con la oposición a Castro? ¿Qué explicaciones dará ante los intelectuales que visitaron la Cancillería para denunciar la política sesgada de derechos humanos que sigue el gobierno al adherir a la dictadura isleña? Y todavía queda por resolver una incógnita mayor: la fecha del viaje. No se sabe si será antes o después del Congreso de la Lengua, que se celebrará en Rosario a fines de noviembre. Ese simposio será presidido por la propia Cristina y tendrá entre sus integrantes a intelectuales y políticos de toda hispanoamérica. Por lo visto, además de los viajes, a la senadora le gusta la polémica.

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