Cristina de Kirchner quiso darle un tono humano a su visita de ayer a Raúl Alfonsín en el departamento donde se encuentra convaleciente. Pero no pudo evitar la Presidente que se tomara como otro gesto más en los intentos por cambiar su imagen, tras la derrota con las retenciones móviles. Hubo bromas y anécdotas de su paso juntos por el Senado. Poca política y algo de confraternidad hacia un hombre que no les perdona a los Kirchner el haberse mofado de su reciente convocatoria al diálogo político y menos el haber intentado borrarlo de la lista de los defensores de derechos humanos en el país.
Cristina de Kirchner realizó ayer una visita a Raúl Alfonsín, quien se encuentra delicado de salud
y es atendido en su departamento de la Ciudad de Buenos Aires.
Cristina de Kirchner visitó en la tarde de ayer a Raúl Alfonsín en su departamento de la avenida Santa Fe al 1500. Más que una decisión basada en la enfermedad que sufre el ex presidente, pareció otro giro más del cambio de imagen que el gobierno se quiso dar después de la derrota en el Congreso del proyecto sobre retenciones móviles. Por eso fue Cristina a la casa del ex presidente junto con Sergio Massa y Oscar Parrilli y una nube de fotógrafos y movileros en un intento por enderezar la imagen de una relación que no había sido mala cuando ambos fueron senadores y ni siquiera al inicio del gobierno de Néstor Kirchner, pero que había terminado a la deriva.
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El encuentro de ayer entre Cristina de Kirchner y Alfonsín fue breve. Los pocos presentes juraron que no hubo cruces políticos, sólo explicaciones sobre la enfermedad del ex presidente y recuerdos de la época en que ambos compartieron bancas en el Senado. Uno de los relatores del encuentro fue Ricardo Alfonsín, que estuvo presente: «Hablamos de la salud de mi padre. La Presidenta se alegró de las buenas noticias, pero no hablamos de política», dijo con relación a la mejoría en Alfonsín de la que hablan últimamente sus amigos.
A las 20.30, Cristina de Kirchner se retiró del edificio. «Lo vi muy bien al ex presidente, con el ánimo de siempre, muy fuerte. Estuvimos conversando un largo rato, muy animados recordando el tiempo en que éramos senadores. Fue un gusto hablar con él», se limitó a explicar. Como tantos radicales se dio el gusto de decir: «Estuve con Raúl en Santa Fe».
Carta
La Presidente sabe, aunque definió su visita ayer como «un gesto humanitario», que la relación con Alfonsín no podía quedar en los términos que ella misma fijó cuando le respondió la carta que el radical le envió haciendo un llamado al diálogo político en medio de la crisis con el campo.
En esa carta Alfonsín, que recién había llegado de los Estados Unidos, donde viajó para tratarse de su enfermedad pulmonar, le explicó: «El motivo de la presentecarta es mi firme voluntadde contribuir a afianzar la paz social en un tiempo en el que el conflicto con el campo ha transcendido la especificidad sectorial y ha venido a actuar como disparador de una disconformidad social que paraliza el mercado y conspira contra el desarrollo».
También allí le recordó su experiencia en afrontar conflictos sociales, comentario que coronó con una sutil crítica: «Usted ha de entender que resulta incompatible con la democracia la ausencia de diálogo político en los momentos que vivimos».
Cristina de Kirchner estaba de viaje en Roma, donde habló de la rentabilidad de la soja ante la cumbre de la FAO. Pero al regreso la respuesta no fue la mejor, menos si estaba dirigida hacia un ex presidente ahora gravemente enfermo: «He pensado mucho, reflexionado mucho, en estos días acerca de algunos reclamos, un gesto de estadista... ¿Qué sería un gesto de estadista?», razonó la Presidente desde el Salón Blanco de la Casa de Gobierno en momentos en que una derrota frente al campo era un hecho impensado.
Y continuó en la tribuna: « Sería tal vez decirles a los sectores que más rentabilidad han tenido en los últimos tiempos: 'Está bien, como durante 90 días cortaron caminos, hicieron lock out patronal, no permitieron que otros argentinos trabajen, encarecieron productos, está bien, hay mucho lío, quédense con todo y vamos a ver qué hacemos con el resto de los argentinos'. Y lo pensé y digo, podría decirles, entonces, después a todos los argentinos que el gobierno y el campo están en orden».
Fue demasiado para Alfonsín que sólo había apelado al rol de ex presidente para convocar al diálogo en un momento en el que el país parecía marchar hacia el caos. El radical se calló y no hubo respuestas al mensaje presidencial, pero el radicalismo se encargó de vengar en los recintos del Congreso a su ex jefe partidario.
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