Culpan a Vilma y al jefe de Gabinete por la derrota

Política

El resultado electoral para el reparto de bancas en la Ciudad de Buenos Aires generó una convulsión interna entre las listas que acompañaron el domingo la fórmula Aníbal Ibarra-Jorge Telerman y otra agitación en el gobierno nacional.

El otorgamiento de permisos para que dos boletas extrapartidarias portaran la candidatura de esa dupla que mira al ballottage, terminó, como venía anticipando este diario, mermando para el jefe porteño la representación propia. A tal punto se grafica esa situación que, si Ibarra perdiera la segunda ronda del 14 de setiembre habría terminado el protagonismo de lo que fuera el Frente Grande. Le quedaría en la Legislatura local sólo la presencia de 2 diputados, quizá 3 de acuerdo a lo que dictamine el escrutinio definitivo.

La crisis se hizo incipiente en Casa de Gobierno el domingo después de las seis de la tarde. Creció minuto a minuto y resonó en el búnker del ibarrismo con dos acusados para la ocasión. Uno es Alberto Fernández, mentor del apoyo explícito de Néstor Kirchner al candidato Ibarra y de la presión sobre el armado de listas. El jefe de Gabinete, sin embargo, devolvió rápidamente ese golpe que se tradujo en apretadas miradas del resto del gabinete para con su persona, hacia la hermana del jefe porteño, la senadora Vilma Ibarra. Esa legisladora actuó como ama y dueña de la lapicera que otorgó a Miguel Bonasso el permiso de adherirse a Ibarra-Telerman, pero le negó en cambio ser el primer candidato a diputado nacional de Fuerza Porteña -la alianza de Ibarra-. Ese lugar en la lista oficial del jefe de Gobierno lo ocupó Claudio Lozano de la CTA, a quien Bonasso ni bien supo los resultados electorales calificó: «Es siempre un perdedor». Lozano debió hacer malabares en fotos y actos para evitar que el cronista le ocupara los planos y tratar de imponerse como el principal candidato, una pelea que duró los dos meses de campaña y que concluye en los peores términos.

• Paradoja

Para el gobierno se da la paradoja: por el macrismo el bloque de diputados nacionales del PJ recuperará 3 bancas, la de Jorge Argüello, Lucrecia Monti y Cristian Ritondo. Por el lado de Ibarra, Bonasso, que logró consagrarse diputado nacional hará un bloque propio, mientras que la segunda en la lista que ingresa con Lozano -Juliana Marino-, se sumará a la porción kirchnerista y el sindicalista de la CTA querrá hacer un bloque « transversal». Quizá lo haya planificado para compartir con el ARI, pero los dos candidatos de Carrió quedaron fuera del reparto. Varios apellidados Fernández, de esa manera, mortificaron con todos sus reproches a la influyente Vilma, como un pasto ovillo.

Raúl Fernández, el jefe de Gabinete de la Capital Federal y miembro del entorno selecto del jefe porteño, confió a sus más íntimos que «yo no puedo con Vilma, se equivoca».

Uno de los errores que más le marcan es que «debe terminar de una vez por todas con el discurso antimenemista». Dicen que eso «le revuelve la culpa a los porteños y juega en contra».

Alberto Fernández
, cree que el peor error fue impedirle a Bonasso -hoy ufanado del resultado que le dio 5 legisladores porteños, aunque nunca se sabrá si con votos propios o confusiones-ser el primer candidato para que arrastrara la lista en lugar de Lozano. Cree Alberto que quizá su compañero de colegio Héctor Capaccioli sería hoy diputado nacional. Lo que más lo angustia es que, pierda o gane Ibarra, su proyecto de máxima se le alejó: ser jefe de gobierno porteño en 2007.

Ese sueño lo comparte con
Aníbal Fernández, quien acuña ilusiones propias, se dice, también para 2007 pero en territorio propio y que ese proyecto lo habría llevado a sintonizar Fernández Alberto.

«El que ríe último, ríe mejor»,
repite, pueril, Fernández Alberto en los pasillos de Casa de Gobierno sobre la posición de la segunda vuelta porteña.

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