Militantes kirchneristas ayer a la madrugada en la Plaza del Congreso, donde a diferencia
de ocasiones anteriores esta vez sus rostros se cubrieron de palidez y congoja.
Las carpas kirchneristas vivieron durante la madrugada de ayer su momento más frustrante desde que se instalaron en la Plaza del Congreso hace tres semanas, para apoyar el proyecto oficial que avala la polémica Resolución 125.
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Los militantes K no sólo agredieron a los piqueteros de Raúl Castells, sino que también al término de la histórica votación de Julio Cobos, los oficialistas comenzaron a tirar las vallas que rodeaban al Parlamento y en medio de llantos y agresiones verbales contra legisladores «traidores»según sus cánticos se trenzaron en refriegas con la Policía.
Hacia las 5 de ayer, miembros de la Juventud Peronista, La Cámpora de Máximo Kirchner y del Movimiento Evita atacaron a piedrazos y botellazos a la carpa de Castells y a la de los autoconvocados.
Horas antes de la votación, activistas del Movimiento al Socialismo habían sido increpados por los manifestantes pro gobierno, cuando se acercaron arriesgadamente hasta la zona de la carpa de los aborígenes para llenar a la vía pública de folletos «anti todo».
La desolación fue ayer la escena principal del lugar. Turistas, palomas y muy poco vendedor ambulante fueron las postales más usuales del lugar. Las secuelas que dejaron las estruendosas columnas que estuvieron hasta pasada la madrugada en la Plaza, se tradujeron en las baldosas rotas, fracturadas y hasta sacadas de su lugar. Marcas de botellas rotas y bolsas mojadas completaron el panorama sobre la avenida Rivadavia, en donde a primera hora de la mañana se terminó de normalizar el tránsito.
Hubo, además, pintadas amenazantes en los carteles de las paradas de colectivo, tales como «Cobos, saludos a Vandor» (en alusión al sindicalista asesinado por Montoneros en la década del 70) o «Patria o muerte». Signos que suman aún más tensión al conflicto.
No faltaron las grandes bolsas de basura apiladas en los rincones del refugio kirchnerista. Según los militantes de Compromiso K, el campamento será mantenido de pie, hasta que «la ley agropecuaria termine de ser discutida por completo en el ámbito legislativo».
Luego de los incidentes en los que, para variar, no hubo detenidos, los habitantes de las carpas K comenzaron a limpiar la mugre que se había impregnado en las maderas hundidas de sus estructuras.
«De tanta propaganda que le hicimos al dueño de la carpa, en algún momento nos la va a tener que dejar gratis», decía entre decepción y un dejo de abatimiento la miembro de Compromiso K Irma Verazay, mientras se encargaba de recibir a los pocos asistentes que llegaban para dar palabras de aliento.
«Esto es como el fútbol. No nos sorprendimos del resultado, porque sabíamos que había muchos jugadores que podían salir y entrar, y cambiar la cosa en un minuto», reflexionó Verazay sobre la reñida decisión en el Senado.
Entre las casi cinco personas que se acercaron a horas de la tarde a la carpa de Damián Barihoff, tres aprovecharon las cómodas sillas para dormir una siesta.
A contramano de la resignación que se vislumbró en el camping K, del otro lado al Monumento a los Dos Congresos, los jubilados y desocupados del mediático piquetero y los ruralistas independientes se mostraron cautos y hasta desconfiados de lo que sucederá después de la votación de ayer.
«Acá vamos a seguir por lo menos una semana más. Cuando veamos que con esto se beneficia realmente a los pequeños chacareros, recién ahí nos iremos», contestó un militante de Castells mientras sus compañeros limpiaban las ollas que usan generalmente para cocinar las clásicas tortas fritas.
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