11 de octubre 2001 - 00:00

Desairó Ruckauf a Duhalde, que cerró abrazado a Moyano

"Los peronistas somos así: necesitamos show», gritó, para hacerse escuchar, por sobre bombos y trompetas, uno de los más cercanos colaboradores de Eduardo Duhalde.

Y eso ofreció ayer el peronismo bonaerense. En La Plata, en un acto especie de cierre de campaña desdoblado que continuará hoy en La Matanza, el duhaldismo reeditó el viejo circo de campaña.

Hasta ahora, el candidato a senador había ensayando actos proselitistas cuidados, sin la clásica escenografía peronista saturada de vinchas, banderines, choripanes y batucadas.

Pero anoche, en el Club del Banco Provincia, en una zona semirresidencial de La Plata, los duhaldistas pudieron desempacar toda la logística y bijouterie que tenían guardada.

Y para darle movimiento fletaron micros para trasladar a 6.000 «compañeros» del sur del conurbano.

En ese cuadro, Duhalde lanzó quizá la peor amenaza de esta campaña. Dijo que el seguro triunfo del PJ -que pronosticó como el de mayor diferencia desde 1983- será un «ultimátum» para Fernando de la Rúa. «Pido a Dios -dijo-que le dé sabiduría al Presidente para que sepa leer el resultado de las urnas, que se dé cuenta de que va a ser un ultimátum del pueblo.»

Según el bonaerense, De la Rúa debe entender que los votantes quieren cambiar un modelo económico que «nos enfrenta a la ironía cruel de tener un riesgo-país superior al de Afganistán, que está siendo bombardeado por la suma del poder bélico mundial».

«El pueblo, con su voto, dirá basta a esta economía que está matando a la patria»
, con un «voto de rechazo tajante y final al modelo, que es una fábrica de pobreza», bramó, y dejó un silencio para que estallen los aplausos arriba y abajo del escenario.

Abajo, 4 mil personas dentro del gimnasio; más de 2 mil, afuera; arriba,
Chiche Duhalde, Antonio Cafiero, Jorge Remes, el vicegobernador Felipe Solá y el anfitrión, el intendente platense Julio Alak.

También
Mabel Müller; su esposo, Oscar Rodríguez; el jefe comunal de Presidente Perón, Jorge Casanovas, el diputado provincial Carlos Bonicatto; y Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela.

¿Carlos Ruckauf?
Ausente en cuerpo y alma. No sólo no asistió a la fiesta (antes, además, aclaró que el domingo no se plebiscita su gestión), sino que ni organizadores ni oradores se acordaron de él. Menos, el locutor que presentó a Duhalde como «el mejor gobernador en la historia de la provincia de Buenos Aires y único conductor del peronismo bonaerense».

Sí llegó hasta La Plata el camionero
Hugo Moyano, ahora reconciliado con Rodolfo Daer. El ex disidente no se separó de Saúl Ubaldini, que goza del privilegio de ser el único sindicalista que figura en la lista oficial del peronismo bonaerense.

Para
Duhalde, fue casi un regreso a 1995, porque esta vez -como hace seis años- aparece como seguro ganador, sensación que no lo acompañó en las aventuras electorales de 1997 y de 1999. Por el discurso del candidato, que no mencionó temas provinciales, y la ausencia de Ruckauf, no desentonó el eufórico que reeditó la ilusión del Duhalde presidente.

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