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26 de mayo 2006 - 00:00

Desinterés por la música hizo adelantar el discurso

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Néstor Kirchner abraza a Mercedes Sosa después de cantar el Himno Nacional, rodeado por madres y abuelas de Plaza de Mayo, lideradas por Hebe de Bonafini y Estela Carlotto.
Aunque son muchas -y seguramente lo seguirán siendo- las veces en que la política comparte el escenario con la música, no siempre el maridaje se da de una manera pacífica; al menos si la mirada se pone desde el lado artístico. En estos casos, los artistas suelen jugar el papel de «traedores» -esto es, de quienes aportan su popularidad para arrimar pueblo/público-, de quienes validan una gestión frente a una masa que los sigue por sus canciones y no por sus ideas, o, simplemente, de quienes entretienen a la gente mientras se espera el momento de los discursos.

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Está muy claro que, esta vez, no fueron los artistas quienes llevaron a la gente a la Plaza de Mayo, como sí había ocurrido, por ejemplo, en el primer aniversario del gobierno de Néstor Kirchner, cuando llegaron a Buenos Aires Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat. Ese mérito de haber convocado a la multitud les cabe, en este caso, a los aparatos políticos y sindicales y a la propia imagen presidencial. Y se notó, además, por el muy relativo interés que mostró el público frente a las figuras que pasaron por el enorme escenario montado en la plaza; sólo unos pocos conocían los repertorios y festejaban el paso de los cantantes. Tanto que, luego del cambio de planes que puso el discurso del Presidente en medio del show artístico, una buena parte de la gente se desconcentró y quedó sólo una parte para escuchar las actuaciones de Víctor Heredia y Mercedes Sosa.

  • Evidente

  • Lo de la validación de los artistas sobre la obra de gobierno, en cambio, sí fue evidente. El entusiasmo de cada uno de ellos para con el Presidente -aun de la santafesina Soledad, que confesó no entender mucho pero sentirse muy feliz por ver a tanta gente festejando el 25 de mayo- se notó sobre el escenario y en las declaraciones que «Canal 7» transmitió para todo el país. Y sin dudas fue un espaldarazo muy fuerte para la política de derechos humanos de Kirchner cantar el Himno Nacional junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, pero también junto a artistas que simbolizan esa lucha como Teresa Parodi, Víctor Heredia o Mercedes Sosa. Aunque, en definitiva, pareciera que lo que terminó sucediendo fue que a los artistas les tocó el papel de «entretenedores», contratados para prologar una fiesta cuyo único y verdadero número central era el discurso presidencial.

    El plan inicial era que todo el programa artístico se desarrollara sin interrupciones. Cada número, en un orden prolijamente armado con anterioridad por los productores del show, tendría espacio para cinco canciones. Luego, vendrían Sosa con ocho temas, el Himno grupal y, finalmente, el discurso con el que se cerraría el acto. Pero, en definitiva, no fue eso lo que sucedió.

    Arrancó e hizo lo suyo, de acuerdo con lo previsto, la Selección Nacional del Tango -una formación que apenasestá sosteniendo la marca- desde su plan original de incluir a un verdadero seleccionado de tangueros vivientes. Esta vez, con una formación de muy buenos músicos -entre ellos, muchos jóvenes- y dirigida por Leopoldo Federico, puso su cuota de tango que cerró con la voz de Raúl Lavié haciendo unas glosas para «Si supieras/La cumparsita».

  • Lentitud

    A partir de ese momento, todo se fue haciendo muy moroso, el armado entre número y número -complejo para un espectáculo de estas características- se hizo lento, y los animadores Coco Silly y Daniel Aráoz -dos actores «de Estado»- se vieron obligados a llenar los largos huecos entre artista y artista con peroratas encendidas que entusiasmaban muy poco. Luego vino Soledad -a la que se sumó, como siempre, su hermana Natalia- con sus temas festivaleros, que cerraron con el clásico «A Don Ata». Tras ellas cantó Alejandro Lerner, que recorrió algunas de sus piezas más conocidas («Costumbres argentinas», «Después de ti», «Mira hacia tu alrededor», «Volver a empezar») y fue el único que estrenó una canción, «Somos lo que somos», en referencia, claro, a los argentinos.

    Y si bien las cuestiones de sonido habían tenido a mal traer a cantantes y músicos durante toda la tarde, los mayores problemas para los artistas llegaron cuando le tocó el turno de actuar a Teresa Parodi. En el « backstage» se les hizo saber a quienes todavía tenían que actuar que se adelantarían las palabras del Presidente y que, por lo tanto, Parodi, Heredia y Mercedes Sosa deberían limitarse a una sola canción cada uno para acelerar los tiempos. La orden volvió a cambiar sobre la marcha y la correntina llegó a hacer tres de los títulos que tenía preparados, dos de su creación y un clásico chamamecero como «Puerto Tirol» de Heraclio Pérez y Marcos Ramírez. Y fue tan abrupta su salida del escenario -porque Kirchner estaba llegando de manera inminente-que no alcanzó ni a despedirse del público.

    Con un poco más de normalidad -aunque con los mismos problemas técnicos que afectaron a todos- cantó luego Víctor Heredia dos clásicos de su cosecha como «Todavía cantamos» y « Sobreviviendo», y, por fin, Mercedes Sosa que, pese a todo, volvió a emocionar con «Sube, sube», «Una canción posible» -dos títulos de Heredia-, la zamba «Al jardín de la República» y la «Chacarera del olvidau».

    Para ese momento, la Plaza tenía la mitad del público, el Presidente ya no estaba y la luz de la soleada tarde porteña había empezado a decaer.
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