27 de mayo 2003 - 00:00

Discordia contra Ruckauf

Pocas veces alguien fue tan ostensible en un desaire durante una ceremonia pública. Pero Cristina Fernández de Kirchner no se privó de expresar su sentimiento.

Cuando ingresó en el recinto de la Cámara de Diputados, besó a cada uno de los ministros del gabinete de Eduardo Duhalde. Hasta que llegó a Carlos Ruckauf, a quien omitió olímpicamente.

La enemistad nació hace tiempo, cuando Ruckauf presidía el Senado y la actual primera dama ocupaba una banca por Santa Cruz, como ahora. Las relaciones con el Presidente no mejoraron esa discordia: todo lo contrario, en las reuniones de gobernadores, Kirchner y Ruckauf (quien como se recuerda pasó fugazmente por la provincia de Buenos Aires) eran perro y gato.

El ex canciller pareció olvidar por un momento aquellos desencuentros y quedó con la sonrisa congelada y un beso arrojado al vacío. No era la pose más elegante para entrar en el mundo de los réprobos.

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