La foto con Felipe Solá deberá esperar y, quizá, nunca se exhiba. Francisco de Narváez, en cambio, posa, cada tanto, a su lado. Sin rencores, Eduardo Duhalde opera sobre los dos dirigentes y confía en su destreza para subirlos a ambos al mismo tren anti-K.
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El ex presidente es, por ahora, el único elemento sólido que enlaza a Solá y De Narváez. Uno -este último-lo tiene más asumido que el otro, pero ambos derivan en la terminal Duhalde además de compartir un hipotético mismo objetivo: combatir a los Kirchner.
En apenas un puñado de horas, el ex presidente se habrá mostrado con ambos comandos: ayer, le prestará la tarima del MPA central a De Narváez: esta tarde, en La Plata, estará con Jorge Sarghini, que transita, como un socio autónomo, a la par de Solá.
Los dos episodios revelan el doble juego del lomense que apuesta, por separado, al plan reeleccionista de De Narváez, como previa a disputar la gobernación en 2011, y a la idea de Solá de competir en 2009 como testeo para mirar a Olivos dos años después.
En las elucubraciones de sobremesa de póquer, Duhalde supone que en el tramo final logrará unirlos y montarlos, con él como tutor, a una aventura anti-K. Pero, por ahora, entre Solá y De Narváez hay un abismo. El ex presidente cree que un enemigo común podría amigarlos.
Más específico: apuesta a la tentación, o la necesidad, de tener que enfrentar a Néstor Kirchner candidato.
De todos modos, con tiempos propios, De Narváez ya se lanzó y Solá dejó abierta una puerta para eventualmente competir para una diputación nacional por Buenos Aires el año próximo, el mismo cargo al que los kirchneristas dicen querer que se postule el patagónico.
Solá marca la cancha todo el tiempo. A De Narváez, además de cuestionarle su actividad como diputado -«nunca lo vi» en la Cámara, dijo-, lo destrata por sus escoltas. «Si quiere llevar adelante un peronismo, es un peronismo con muchas viudas», lo sacudió.
Se refirió a la foto del acto del ex aliado de Mauricio Macri el viernes pasado en Ferro. No dio nombres; tampoco era necesario que lo hiciera. Detalle para anotar: además de De Narváez, en el show por el 17 de octubre peronista, habló Chiche Duhalde.
Equilibrio
El ex presidente, por ahora, no se detieneen esas anécdotas. Y aunque dialoga seguido con Solá, a todo su elenco histórico lo manda a moverse al lado de De Narváez. De hecho, el diputado presentó ayer a Alfredo Atanasof como el «coordinador» de sus equipos técnicos.
Atanasof, armador y financista de la presentación del MPA de La Plata, esta tarde en el coqueto Jockey Club -uno de los edificios que en 45 apedrearon los descamisados que marchaban desde Berisso a pedir la liberación de Juan Perón-, acaba de dejar el gabinete de Daniel Scioli.
No es un hecho casual: el gobernador y Atanasof habían pactado una tregua que le permitía al ex jefe de Gabinete de Duhalde tener juego propio, pero la organización del acto del MPA platense detonó una crisis que se ventiló, a los gritos, por los diarios.
Desde hace tiempo, aunque la oficialización fue ayer, Atanasof ocupa la butaca de operador top de De Narváez, que dejó vacante Juan José Alvarez para convertirse en CEO político, en simultáneo y todavía sin sangre con Jorge Macri, de la filial bonaerense de PRO. A Duhalde ese puerto todavía le resulta esquivo. Como, al menos por ahora, le mezquinan oídos desde el cobismo puro. El atajo, aunque amañado, existe: como acercamiento, el cobismo pactó una tregua de no agresión con la UCR ortodoxa, que controla el comité provincia.
Ese espacio reporta, aun con quejas, a la tríada que conforman Federico Storani, Leopoldo Moreau y Ricardo Alfonsín, con Raúl Alfonsín como comandante honorífico. Moreau y Storani, sobre todo el primero, han funcionado por años como bloques interconectados con Duhalde. A su vez, «el Marciano» tiene sus propios nexos con De Narváez. En simultáneo, Solá fijó un sistema de funcionalidad mutua con Julio Cobos mientras su equipo regado de ex ministros, como Raúl Rivara, se reconcilió con Sarghini, que se alejó de Roberto Lavagna luego de la pirueta del ex ministro de acercarse, por un rato, a Kirchner.
En su cajón de arena, Duhalde mueve fichas imaginarias y proyecta un supuesto acuerdo macro. Equilibrista, el ex presidente se bajó ayer sobre la hora del acto en el MPA porteño donde disertó De Narváez. Hoy, con pompa, lo esperan en La Plata.
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