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24 de octubre 2008 - 00:00

Duhalde-De Narváez, un romance en la peor hora

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El pacto de la Doble D cruje. La alianza táctica entre Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez ingresó, en las últimas horas, en zona de temblores. La magia del romance empezó a diluirse y la crisis de la convivencia ya perfora un vínculo que parecía irrompible.

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En apenas cinco días, la relación Duhalde-De Narváez sufrió una secuencia de momentos críticos. Hubo varios motivos puntuales pero la matriz es una sola: el diputado despertó del sueño en el cual el ex presidente era su socio y no, como le indica la vigilia, su jefe.

El martes se blanqueó esa crisis. Sobre la hora, el lomense se bajó de la presentación del Movimiento Productivo Argentina (MAP) en la que expuso De Narváez. Se dijo que faltó para no eclipsarlo pero se trató, en rigor, de un indicador del malestar cruzado.

Esa noche, De Narváez se trenzó con Alfredo Atanasof, a quien un momento antes había presentado como jefe de sus equipos técnicos. ¿Motivo? Una hora después el platense abría el MAP en La Plata y tenía como orador, además de Duhalde, a Jorge Sarghini.

Hubo un pedido de bajar al ex ministro de la tarima pero Atanasof, que acata los mandatos de Duhalde, se negó. El debut de un vínculo con pretensiones de mimesis política fue el peor imaginado: gritos, portazos y el faltazo, al día siguiente, de «El Colorado» a La Plata.

Ante los hechos consumados fue, de casualidad -o eso se presume- un acierto: el show de Duhalde estuvo precedido por un escrache de piqueteros que lo inculpan por los crímenes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, en la llamada masacre de Avellaneda.

Sin quejas, De Narváez había aceptado con algo de resignación la imposición -se dirá «negociada»- de Atanasof como virtual ordenador estrella en la provincia. El ex funcionario de Daniel Scioli está ahí porque Duhalde lo quiso no porque el empresario lo haya ido a buscar.

Además, en el atardecer agitado del martes, De Narváez comprobó el deleite de Atanasof por los flashes. Una disputa de marquesina que incomodó, en la primera ronda compartida, al diputado que será, con o sin Duhalde, asegura, candidato en 2009.

Los celos habían sido otro motivo de discordia en los días previos cuando De Narváez notó que el show que armó en Ferro por el 17 de octubre pareció, al día siguiente, un acto de Chiche Duhalde «donde también habló él» se decía, ayer, con mordacidad.

  • Flores

    «Duhalde va a regar todas las flores» antikirchneristas dijo, nerudiano, un operador del duhaldismo que evitó referencias a primaveras y procesos inevitables. La mención grafica con un dejo poético a la táctica del bonaerense, contada en este diario días atrás.
    Duhalde, como se relató, juega a dos puntas entre De Narváez y Felipe Solá: los coqueteos del ex presidente con el ex gobernador fueron otro de los motivos de enojo de «El Colorado» que, además, se disgustó por la presencia de Sarghini -que se amigó con Solá- en La Plata.

    Solá es una de las flores que regará Duhalde y para De Narváez eso fue una pésima novedad. Algo más: Solá le mezquina abrazos al ex presidente y sus muchachos, casi que los ningunea; De Narváez, en cambio, los sienta a su lado y, sin embargo, nadie le agradece la amabilidad.

    Gestual, Duhalde evitó anteayer volver a elogiar a Solá (en rigor, no quiso opinar sobre ningún tema de la coyuntura, quizá impactado por el escrache en su contra).

    El lomense supone que dispone de «varios candidatos» para quitarle fuerza al kirchnerismo y, en ese marco, halaga a Solá quien, de todos modos, le avisó que no se pondrá bajo su ala y, además, aceitó sus contactos con el macrismo, vía Juan José Alvarez.

    Ese juego de Solá también desacomoda a De Narváez que se imagina como el candidato inevitable de Macri en la provincia. Más allá, incluso, de que su vínculo con el jefe de gobierno porteño está dañado. Bajó, igual, el tono belicoso del macrismo en su contra.

    El pacto de la Doble D enfrenta dolores de parto, como parte de un circuito donde aparecen nominados además Solá y los Macri. Ese pañuelo algunas puntas pueden anudarse entre sí; otras parecen condenadas a estar enfrentadas. Macri y Duhalde, es un caso; De Narváez-Solá, es otro.
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