Abel Posse, Javier
González Fraga y
Chiche Duhalde
participaron ayer del
retorno «académico»
de Eduardo Duhalde,
que en su primer día
comenzó a funcionar
como trinchera política
contra los Kirchner.
Fueron 42 minutos pretendidamente académicos: pantallazos genéricos sobre «la América latina». Cuidada y cauta, la exposición se extinguía cuando Eduardo Duhalde animó a la platea con una pregunta: «¿Cómo no vamos a hablar del tema del campo?».
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La distancia que, hasta entonces, el ex presidente había tomado de la agenda política se esfumó. «Quiero decir que estoy eternamente agradecido del campo, y que todos los argentinos debemos estarlo», aseguró, como si renaciera, con tono de trinchera.
Fue el pie para deslizarle, sin intermediarios, un reclamo a Cristina de Kirchner. «Quiero pedirle al gobierno que dialogue, el gobierno debe estar dispuesto al diálogo: nunca se debe dejar de hablar. El diálogo no es debilidad», aseguró el ex presidente.
Pegó en un punto sensible de la Casa Rosada. Ese que entiende, como axioma, que negociar con sectores que lo desafían es una señal de fragilidad política. «Quiero decirle a la Presidente que el diálogo no es debilidad. Es la esencia del sistema democrático y la herramienta más eficaz para resolver los conflictos», agregó.
De ese modo, luego de un mes de ostracismo, Duhalde rompió el silencio: la excusa fue la apertura de un curso de formación política «productivista», organizada por el Movimiento Productivo Argentino (MPA) que preside, pero derivó en el conflicto rural.
A pesar de destacar que el gobierno tiene «fuerte apoyo», el ex gobernador dejó claro de qué lado está en el pulseo entre los Kirchner y el campo. Lo hizo al expresar su «eterno agradecimiento» a la actividad rural que fue « punta de lanza de la recuperación».
Luego profundizó esa línea. Recortó que, cuando ejercía la presidencia, luego de la «caída» de Fernando de la Rúa, imaginó que la recuperación económica tendría al sector agroproductivo como «locomotora» porque con su repunte reactivaría otros sectores.
Citó, además, que por entonces el campo «aceptó las retenciones» a pesar de que estaban, en 2002, en medio de «una crisis con peores precios internacionales que en 2001».
Buscó, de ese modo, bloquear el plan de demonización que el gobierno ensaya contra el campo.
Antes del confesionario, se contuvo durante casi una hora, pero al final se zambulló en el debate por el conflicto entre el campo y el gobierno, a raíz de las retenciones móviles, que mantiene a los productores hacen 14 días en las rutas con piquetes y protestas.
Sin embargo, en su exposición -charla inicial del curso del MPA-enfocó sobre un tema vinculado al campo: la distribución de la tierra. En ese punto, apareció un Duhalde casi guevarista hablando de revolución social y, sin usar esa figura, de reforma agraria.
Entre amigos -Carlos Brown, Miguel Angel Toma, Javier González Fraga, Abel Posse-y con algunos ausentes notables -no apareció Gerónimo «Momo» Venegas, jefe de UATRE, entre dos fuegos por el paro rural-Duhalde se permitió volver. Unas horas más tarde, comenzaban a sonar las cacerolas. Alguno, quizá, tuvo un «déjà vu».
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