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Duhalde llegará a Brasilia acompañado por Carlos Ruckauf -a quien los vecinos vienen cobrando caro sus arrebatos anti-Mercosur de cuando era gobernador bonaerense-, por el ministro de la Producción, Aníbal Fernández, y por el ex presidente Raúl Alfonsín, apoltronado en el Tango 01 como un oficialista más.
En una Brasilia inesperadamente húmeda (suele registrar niveles de humedad inferiores a 20%), los estará esperando un lote de dirigentes argentinos que los dejarán en la extrema derecha del arco ideológico. Son los invitados personales de Lula, quien se permitió tal vez la última licencia de sindicalista de izquierda, antes de que el protocolo presidencial lo obligue a una imparcialidad tal vez artificial. Porque entre los invitados por el nuevo presidente a la asunción no hay nadie que no sea «del mismo palo».
Allá estarán Elisa Carrió, Hebe de Bonafini (Nora Cortiñas, de la «rama fundadora» de las madres no asistirá por falta de presupuesto, igual que Adolfo Pérez Esquivel), Estela de Carlotto, Pino Solanas, Aníbal Ibarra con su secretaria privada y ex cuñada, Alicia Castro -desde ayer en Rio de Janeiro-, el intendente de Rosario Hermes Binner, el abogado Alberto Ferrari Etcheberri -único ex funcionario de Fernando de la Rúa que concurrirá a la jura- y, finalmente, el dueño de la franquicia política de Lula en la Argentina, Víctor De Gennaro, temeroso de los aviones y de extraviarse en la escala de Porto Alegre, como le confesó a un amigo (es comprensible, nunca se preparó para esta internacionalización de la marca CTA). También estos invitados del corazón estudiarán en detalle el paisaje de Brasilia, ciudad que -presumen- puede convertirse en «capital espiritual del progresismo» si un día de 2003 termina regresando Carlos Menem a la Rosada.
Todos se alojarán en el Hotel Mercure de la capital brasileña, muy adecuada para los grandes movimientos de masa que preparan los «petistas» y que tanto atraen a Duhalde. La ceremonia se prolongará durante todo el día y transcurrirá a lo largo del «eje monumental». Es la avenida central de la ciudad diseñada por Juscelino Kubistchek, por la que circulará Lula para ir desde la Catedral hasta el Congreso y, desde allí, al Palacio del Planalto, donde le transferirán los símbolos del mando. El sindicalista, del sector automotor, se fascinará seguramente con la experiencia de realizar todo el trayecto en un Rolls Royce que el Estado brasileño reacondicionó cuando Fernando Henrique Cardoso recibió la visita de Tony Blair, hace más de un año.
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