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4 de junio 2004 - 00:00

Duhalde y Alfonsín ya lanzan "transeternidad"

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Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín evocarán a Juan Perón y a Ricardo Balbín.

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Julio será, entonces, un mes de discursos y actos públicos. El más importante, uno que está preparando el PJ bonaerense en el conurbano, que tendrá a Alfonsín como uno de los oradores principales. Los ex presidentes ya acordaron la realización de estas presentaciones, estimulados por otro disidente del actual gobierno, Antonio Cafiero. Como se publicó ayer aquí, el senador bonaerense fue convocado por los radicales para echar incienso sobre la memoria de Balbín. Homenajes cruzados, lágrimas entrelazadas entre peronistas y radicales, todo insinúa lo que comenzó a verificarse en el Congreso: una política legislativa propia, a veces agresiva para el gobierno. Se notó ayer, cuando desde el gabinete de Kirchner se castigó al gobernador Felipe Solá, que es también la forma indirecta de golpear sobre Duhalde.



Después cambió de medio de transporte y se sacó una foto con Alfonsín a bordo de un avión en el que se lo había encontrado «casualmente».

Aquellos muertos del mausoleo sirvieron a las expectativas de estos vivos. Kirchner, finalmente, llamó. El Presidente se reunió por separado con todos los tripulantes del vagón y si no lo hizo con Duhalde fue porque se engripó antes de viajar con él a Guadalajara. Hasta a Alfonsín lo llevó de la mano hasta la Catedral Metropolitana para el tedeum del 25 de Mayo.

Ahora llegó la oportunidad de montar otra escenografía, también con la intención de llamar la atención del gobierno. Con café y visitas individuales, al parecer, no alcanza. La dirigencia política, muy especialmente la bonaerense, espera un reparto de poder. Como lo explica uno de sus integrantes más conspicuos y menos presentables: «Acá no se voltearon dos gobiernos y se quebró al PJ en tres pedazos para quedarnos con la ñata contra el vidrio del poder; esto es lo que tiene que entender Kirchner». Impresionante sinceridad.

Para hacerse entender los dos caudillos bonaerenses representarán, subliminalmente, el pacto Perón-Balbín. ¿Es contra el avance neomontonero que creen identificar en el poder? ¿Quieren decir que la política pasa de nuevo por el pacto bipartidista clásico y no por dudosos experimentos de transversalidad? Ni Duhalde ni Alfonsín aceptarán ninguna de estas lecturas. Las atribuirán a la paranoia de un entorno presidencial que ya ve conspiraciones hasta en las fiestas de cumpleaños. Ellos, dirán, sólo están evocando a los grandes muertos de la historia. Aunque esos homenajes violenten la verdadera secuencia del pasado.

En efecto, en rigor de verdad, Alfonsín fue un opositor explícito al acuerdo de Balbín, su antiguo jefe, con Perón. Tanto que cuando se habló de una eventual fórmula presidencial entre ambos, para las elecciones de setiembre de 1973, él calificó la hipótesis de «munichismo». Se refería a los acuerdos de Munich de 1938, lo que significaba identificar a Balbín con el complaciente Arthur Neville Chamberlain y a Perón con Adolf Hitler. Sirvió de poco esa prédica: Balbín le siguió ganando internas a su devoto de hoy, quien sólo llegó al comité nacional cuando el viejo caudillo dejó este mundo.

La distancia de Duhalde con esos acontecimientos era más grande: para la época de ese acuerdo él era todavía un demócrata cristiano que se beneficiaría con la caída del intendente de Lomas para ocupar su sillón en calidad de primer candidato a concejal.

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