Pese a estos socorros mutuos, Duhalde y De la Sota siguen recelándose. Por eso uno de los espectros que acosan las noches presidenciales es el de ver a «José Manuel» envuelto en la bandera cordobesa, con la caja de los $ 100 millones bajo el brazo y declarando ante la prensa: «Vi cosas que no me gustaron». Es decir, renunciando a la pelea. No en vano los colaboradores de De la Sota afirman que el gobernador se puso a andar pero que hará una escala técnica dentro de 15 días: por entonces medirá, encuesta en mano (se las realiza Heriberto Muraro), si tiene sentido seguir batallando. Nada sería peor para Duhalde que presenciar cómo se apaga la pequeña llama de su esperanza antimenemista. En tal caso deberá enfrentarse a lo peor, un acuerdo con el riojano «y el divorcio», como le acotó hace poco un amigo. Aunque, para asombro del interlocutor, el Presidente contestó: «No confundas; yo no tengo problemas personales con Menem, en quien admiro algunas virtudes profesionales, por decirlo de algún modo. El problema con Menem es que nuestras visiones del país y del mundo son incompatibles».
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