El sistema de suministro de agua potable fue considerado «blanco posible» de ataques bacteriológicos o químicos, por lo que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió reforzar la seguridad desde las tomas hasta las torres. Una disposición similar se adoptó en las últimas horas en Estados Unidos.
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También se puso en estado de alerta máximo a todo el sistema sanitario, que comprende la aplicación de una red de emergencia que integra los hospitales nacionales con los de la Ciudad. Desde la Subsecretaría de Seguridad porteña, que conduce Eduardo Tholke, se indicó que la medida rige como mecanismo de prevención.
Sobre la eventualidad de un atentado bioterrorista, el funcionario reseñó que la Ciudad cuenta con un plan que comprende la afectación de 17 mil policías, Gendarmería, Prefectura y bomberos, además de médicos y expertos en infectología. Las líneas diseñadas para actuar establecen como primer mecanismo el aislamiento de la zona infectada, el tratamiento y la evacuación de los residentes del sector afectado. A partir de ese momento, los hospitales deben ceder ciento por ciento de su disponibilidad de funcionamiento.
El subsecretario de Seguridad aclaró que no ha habido amenazas sobre el sistema que distribuye agua a una población de 3 millones de personas.
«No se trata de generar alarma, pero se debe estar preparado para la sorpresa. Y en esta situación (por la guerra) la prevención pasa a formar parte de lo cotidiano», dijo Tholke.
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