En los últimos días cobró fuerza una discusión que hasta ahora el Gobierno había intentado mantener fuera de la agenda, y es cómo hacer para que la recuperación que el oficialismo esgrime públicamente empiece a sentirse en los hogares. En ese punto, Luis “Toto” Caputo, salió este martes con una decisión que expone una tensión cada vez más visible dentro del esquema de Javier Milei, ya que se utilizarán recursos públicos para impulsar el crédito hipotecario, aun cuando el Presidente construyó buena parte de su identidad política sobre el rechazo a la intervención del Estado en la economía.
La medida anunciada por el ministro de Economía contempla que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES coloque $2 billones en plazos fijos en bancos, con el objetivo de fondear unos 18.000 créditos hipotecarios en UVA a una tasa máxima de 7,5%. La herramienta busca extender el financiamiento y, al mismo tiempo, darle impulso a una actividad que funciona como multiplicadora sobre la construcción y otros sectores vinculados.
El movimiento tiene una particularidad difícil de ignorar. En noviembre de 2024, Milei y Caputo habían disuelto el Procrear con el argumento de que la financiación de viviendas debía quedar en manos de los bancos y que no se justificaba la intervención estatal. Menos de dos años después, el Gobierno vuelve a recurrir a recursos del Estado para generar condiciones de financiamiento que el mercado, por sí solo, no estaba ofreciendo en la escala que el oficialismo necesita.
Luis Caputo anunció un plan de $2 billones para reactivar el crédito hipotecario con fondos de la ANSES.
Presidencia
Durante la presentación en el Microcine de Economía, el ministro sostuvo que el crédito hipotecario es una prioridad porque hace a la “justicia social”, ya que permite que una persona que trabaja pueda acceder a una vivienda sin esperar décadas para comprarla. También destacó el efecto multiplicador sobre otros sectores y la posibilidad de favorecer una mayor formalidad económica.
La frase no pasó inadvertida, sino que encarna el interrogante de cuánto margen tiene el Gobierno para sostener el dogma libertario en la segunda mitad del mandato y con 2027 a la vuelta de la esquina. Si bien falta para la elección, ya funciona como ordenador político. La cuestión no es solamente si la macroeconomía está ordenada, sino si ese orden puede traducirse en consumo, empleo, crédito y mejoras concretas antes de que los votantes vuelvan a las urnas.
Crédito y recuperación: la estrategia de Caputo con la mira puesta en 2027.
@LuisCaputoAR
Ese dilema atraviesa también al propio Gabinete. Como contó este medio, en los últimos días, Javier Milei tuvo que intervenir frente a cuestionamientos provenientes de dos de sus principales funcionarios, como Caputo y Patricia Bullrich. Ambos habían planteado, en distintos ámbitos, dudas sobre la velocidad con la que los resultados del programa económico llegan a las familias y las empresas. El Presidente respondió reclamando a sus ministros que salieran a defender el modelo.
En la misma reunión de Gabinete, Milei insistió en que modificar el programa para obtener un resultado político inmediato implicaría poner en riesgo la credibilidad construida desde el inicio de su gestión. En el mientras tanto, Caputo empieza a ensayar instrumentos destinados a acelerar la transmisión de la recuperación hacia sectores que hasta ahora quedaron más alejados del rebote de algunas actividades exportadoras y extractivas. Si funciona, tiene la capacidad de generar actividad en la construcción, mover proveedores, estimular el mercado inmobiliario y producir una mejora visible para una porción de la clase media.
Caputo toma una medida clave para impulsar el crédito y mira a 2027.
Presidencia
En línea con esto, el Presidente regaló esta semana a los legisladores oficialistas La economía en una lección, de Henry Hazlitt, un referente de la tradición liberal austríaca, en una escena que funcionó como recordatorio del marco ideológico que pretende preservar.
Lejos de que Caputo se haya convertido al keynesiano, muchos en Balcarce 50 comienzan a preguntarse cuánto pragmatismo puede incorporar el Gobierno sin alterar el relato económico sobre el que Milei construyó su identidad.
El desafío para el oficialismo será administrar esa tensión sin que se convierta en una fractura política. Para eso, el Gobierno deberá decidir hasta dónde está dispuesto a recurrir a herramientas que contradicen, al menos parcialmente, el manual libertario.
Caputo encontró en los fondos de la ANSES una forma de darle combustible al crédito hipotecario. La paradoja es que, para hacerlo, debió acercarse a una herramienta de intervención estatal que el propio Gobierno había rechazado al comienzo de su gestión. En términos económicos puede ser pragmatismo. En términos electorales, es una señal de que la campaña de 2027 empieza a imponer cómo transformar el orden macroeconómico en una mejora concreta.