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En realidad, el aporte de Batlle hoy será menos electrizante. Es que ayer adelantó sus argumentos y movimientos a un par de amigos argentinos. Concretamente, habló con Carlos Menem (beneficiario de su catarsis: «Será el próximo presidente de la Argentina», dijo) y con el senador Ramón Puerta. En los dos casos explicó: «Yo seguí hablando después de pedir que apaguen las cámaras y el micrófono. Pero me confié como un boludo». El presidente uruguayo anticipó a las autoridades argentinas y a estos interlocutores informales que hoy ordenará al procurador de su país que inicie una querella al canal de noticias y a la agencia «Bloomberg», a los que acusa por mala fe.
Duhalde se enteró de las declaraciones de Batlle una vez que aparecieron en los canales de cable de Buenos Aires. Su jefe de Inteligencia, Carlos Soria, suele tenerlo desinformado, seguramente para evitarle disgustos (aunque una vez le advirtió de un levantamiento de un regimiento patagónico que ya no existe desde hace años). Porque la entrevista que alteró la calma del gabinete se grabó el jueves pasado, fue motivo de negociaciones entre el embajador oriental Alberto Volonté y el canal Bloomberg el viernes, en Buenos Aires, y en las Charlas de Quincho de este diario, ayer, se adelantó que era muy provocativa y que se divulgaría durante el día. Soria estaría preparando sus futuras derrotas en Río Negro. Lo cierto es que le hizo pasar otro papelón al Presidente.
Faurie se presentó ante Duhalde, quien ya había analizado las declaraciones de Batlle en una reunión de la que participaron Amadeo, José Pampuro, Aníbal Fernández e, intermitentemente, Antonio Arcuri. El vicecanciller indicó, impasible, el camino a seguir que marca el manual: primero se piden explicaciones al embajador del país, después se retira al embajador propio, un paso más y se rompen relaciones diplomáticas y así hasta el conflicto armado. A Duhalde los ojos se le salían de las órbitas: está bien que su gobierno no es una mera transición pero de ahí a declarar la guerra...
Activados los mecanismos de la diplomacia, la Cancillería convocó a Volonté y, a su vez, Hernán Patiño Mayer (embajador de Menem con el que Duhalde decidió hacerse representar en Uruguay) concurrió al Palacio Salvo en Montevideo. Todo el mundo dijo muchas cosas, a ambos lados del Plata, sobre lo sucedido. Sin embargo, cuando los funcionarios de aquí y allá se sinceraban, ayer, aparecía lo inocultable: nadie podía dar demasiadas explicaciones de lo que había ocurrido, más allá de que Batlle tuvo un momento de sinceridad enteramente inconveniente para su cargo.
A las 17, el mandatario uruguayo se comunicó con Duhalde. «Jorge, qué ha pasado», le preguntó el Presidente. Comenzaron las excusas y las declaraciones de inocencia: «Siempre fui un defensor de la Argentina, siempre estuve comprometido con el destino del país, etcétera». «Está bien -cortó Duhalde. Yo lamento enormemente que haya sucedido esto. Pero entenderás que tenemos que encontrarle una salida y que hace falta una rectificación.» Batlle prometió en ese momento una conferencia de prensa que debía ser la base de una negociación de ambas cancillerías.
A las 18.30 se produjo la «aclaración» que, si no empeoró las afirmaciones anteriores, por lo menos no logró que fueran dejadas atrás. Por eso desde la oficina de Faurie se les hizo saber a los uruguayos que hacía falta una disculpa más generosa y precisa, sobre todo una satisfacción para la frase «los argentinos son ladrones, del primero al último». Fue entonces cuando se anunció desde Montevideo que el presidente del Uruguay estaba dispuesto a visitar Buenos Aires para pedir disculpas personalmente. El viaje se realizará hoy y a las 11 se realizará la entrevista con Duhalde. Las excusas tendrán el formato de una declaración escrita, que leerá Batlle al terminar la entrevista.
Duhalde se mostró satisfecho con el gesto y dispuso que su vocero definiera la cuestión en una conferencia de prensa en la que, además de ratificar, apenado, el vínculo amistoso y estratégico con el Uruguay, dio por terminado el entredicho.
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