Con la variante de agregar a un representante de las Naciones Unidas, el español Carmelo Angulo Barturen, ayer se inició un nuevo intento de «concertación nacional», algo siempre difícil de concretar en la manera de ser argentina. La Iglesia, que ya intentaba encabezar esta tarea con el renunciante Fernando de la Rúa, se plegó por medio del presidente del Episcopado, monseñor Estanislao Karlic. Duhalde presentó el proyecto que le permitiría apartarse del sostén político casi exclusivo que le brindan hoy el alfonsinismo, el resto del frepasismo con Aníbal Ibarra y los bonaerenses Moreau y Storani, manteniéndose con frialdad y a la expectativa la parte fuerte del justicialismo, el resto de los gobernadores. En discursos que rompieron el protocolo -algo que robustece el aire parroquial y familiar que tiene el actual gobierno-el presidente designado Duhalde habló primero y luego Karlic y Barturen. Largos discursos -sobre todo el de Karlic- elaborados con frialdad volcada a los escritos y sin grandes conceptos que atrajeran a los televidentes. Las «concertaciones» que se intentan periódicamente en la Argentina suelen diluirse en reuniones, diálogos y fracaso. Hay demasiada gente enojada y carencia de algún real liderazgo político como para pensar que ésta tendrá mejor final. Tienen sí un mérito: los caciques sindicales suelen suspender las huelgas mientras se busca el ansiado «consenso». Pero ahora comparten el «Plan del Día de Reyes» que ideó el gobierno, se sienten bien porque los escucharon pedir el «repudio de la deuda externa» y siempre el ideal de ellos y lograr sentarse con empresarios a los que esperan sacar más ventajas, o para el sindicalismo o para ellos. La Iglesia conoce todo esto, pero tiene una preocupación legítima: la violencia creciente en la Argentina. Esto es lo único que justifica estos llamados a «concertar» aunque nunca alcanzarán a los activistas sindicales y juventudes comunistas, donde la violencia y la infiltración en manifestaciones pacíficas son un arma imposible de superar hacia sus fines últimos. La Iglesia impone a Duhalde tragarse el sapo de ver a Menem. Duhalde sueña con los apoyos a su plan dirigista que la gente mayoritariamente rechaza.
En ese contexto, el martes de la semana pasada el Episcopado difundió la declaración denominada
La idea de la concertación es que se realicen reuniones nacionales y regionales con los partidos políticos, cámaras empresariales, centrales obreras y el mundo de la cultura. Las tratativas tendrán una primera etapa de 30 a 60 días que deberá finalizar con un acuerdo básico, y luego las partes tendrán que consensuar
Dejá tu comentario