El cardenal
Jorge
Bergoglio
encabezó
ayer un
encierro de
más de
nueve horas
de la Comisión
Permanente
del
Episcopado.
Los obispos
le reclamaron
al gobierno
que no actúe
como una
parte interesada
en el
conflicto con
el campo.
El Episcopado que conduce Jorge Bergoglio le reclamóayer al gobierno nacional que deje de tomar parte en el conflicto con el campo y se dedique a buscar una solución como «responsable del bien común». La exhortación de la Iglesia Católica fue una respuesta directa a las palabras de Alberto Fernández, quien había dicho esta semana que la Casa Rosada no era la contraparte de las entidades rurales.
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«No es propio de los poderes públicos empeñarse como parte en los conflictos, sino abocarse a su solución como principales responsables del bien común de acuerdo con las funciones que a cada uno de ellos les atribuye la Constitución Nacional. La efectiva independencia de los poderes Legislativo y Judicial es un punto clave de la plena vigencia del estado de derecho», recordó el tramo más duro del documento «La Nación requiere gestos de grandeza», redactado ayer por la Comisión Permanentedel Episcopado en una reunión extraordinaria convocada de urgencia por Bergoglio.
El cónclave de obispos, que también criticó la metodología de piquetes y cortes de rutas de chacareros y camioneros, se presentó formalmente como un encuentro destinado a «contribuir al fortalecimiento de la paz social y de la democracia». «La mediación se pide, no se ofrece», aclaró Bergoglio con un reprochevelado a Cristina de Kirchner, quien no se sumó a la propuesta de Luciano Miguens (Sociedad Rural), Eduardo Buzzi (Federación Agraria), Mario Llambías ( Confederaciones Rurales) y Eduardo Gioino (Coninagro) para que la Iglesia Católica actúe como moderadora de la pelea.
Apenas 48 horas antes de la cumbre de obispos, el jefe de Gabinete había asegurado que «no se debe mediar porque no somos la contraparte del campo». El temor real del Episcopado, revelado ayer por el vocero Jorge Oesterheld, es que el conflicto derive en enfrentamientos violentos entre activistas del gobierno, Gendarmería y los chacareros que se encuentran al costado de las rutas.
Puntualmente, les preocupa que haya algún muerto como ocurrió en 2007 en Neuquén cuando la represión a una marcha de docentes se cobró la vida del maestro Carlos Fuentealba.
«Tanta agresión verbal, insultos y descalificaciones lastima la paz social y no hace falta que muera alguien para que se rompa esa paz», fue la forma más sutil que encontró Oesterheld para revelar el temor de su jefe Bergoglio.
A lo largo del día, Cristina de Kirchner recurrió a las parábolas que suele emplear el cardenal para enviarle mensajes cifrados y embistió contra la Iglesia Católica. Desde La Matanza, la Presidente recordó que «la avaricia es el pecado que Dios más condena».
Pese a que Bergoglio se definió «esperanzado» y reiteró el urgente llamado al diálogo, el documento del Episcopado fue crítico frente al desmanejo oficial del conflicto con el campo: «La persistencia misma del conflicto y la aparente imposibilidad de resolverlo constituyen un signo de debilidad institucional», advirtieron los obispos, quienes reiteraron, sin mencionar a Kirchner, la necesidad de un gesto de grandeza para descomprimir el conflicto, y la necesidad de un urgente llamado al diálogo «constructivo y transparente».
También Hermes Binner exhortó ayer al gobierno a un « gesto de grandeza», apelando a las mismas palabras que la Iglesia Católica. Los obispos advirtieron en otro pasaje de su documento la necesidad de superar el conflicto para atender otras cuestiones urgentes como «la pobreza y la exclusión».
«Ni la moderación en las demandas, ni la magnanimidad en el ejercicio del poder son signos de debilidad», remarcaron los obispos Agustín Radrizzani (Mercedes), Sergio Fenoy (San Miguel), Luis Villalba (Tucumán) y Héctor Aguer (La Plata), todos sentados junto a Bergoglio en la sede porteña del Episcopado.
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