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Cuando se conoció la novedad en torno de la mesa principal del PJ hubo gestos de consternación de los forasteros: Ramón Puerta, Rafael González (presidente de la Junta Electoral) y Julio Gutiérrez (titular del PJ santafesino) festejaron que se hubiera llegado a un acuerdo sobre la fecha de las elecciones «aunque los de la otra parte no hayan venido». Chistoso, Puerta insistió en que «siempre quise que haya un acuerdo, aunque mi fecha no es el 23 de febrero sino el 2 de marzo, lo que demuestra que no estoy en ninguna de las dos veredas» (el misionero, como ya se publicó, tramita su candidatura presidencial con los equipos técnicos de Francisco de Narváez). Un mendocino menos candoroso que Bauzá, Antonio Cassia, reaccionó airado: «Estamos cansados de chicanas» le dijo a Puerta. Hubo un chisporroteo menor, que se resolvió con un abrazo de ambos a la salida del cónclave.
De los trofeos que Bauzá pensaba llevarse de la casa partidaria sólo había anoche, en la mesa de Menem, una medalla de hojalata: un acta firmada por los propios menemistas y los «forasteros» en la que se sostiene que habrá elecciones el 27 de febrero.
En el menemismo el clima era otro, naturalmente. Varios seguidores ultras del riojano le hicieron notar a Bauzá que «siempre te dijimos que te estaban caminando». Frente a Menem, un círculo de dirigentes que deliberó anoche en el Hotel Presidente, arguyó: «Tenemos que poner la fecha nosotros solos porque hoy Duhalde no tiene fuerza para voltearla en un congreso. Además, si hace el congreso pediremos a la Justicia que intervenga el partido para garantizar la realización de internas». Hasta el propio Menem deslizó una queja: «Yo te había dicho, Flaco, que había que tener convocado al plenario del consejo para fijar la fecha si nos dejaban de seña». De Duhalde, en cambio, no hubo una sola palabra sobre el tema. Desde Córdoba sólo se interesó por resolver un dilema: si emitir o no un pronunciamiento sobre la prisión que se le aplicó ayer por la tarde a la directora del diario «Clarín» en una causa por derechos humanos. Terminó aceptando la insistente presión de Carlos Ben para no abrir la boca sobre el hecho.
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