El nuevo canciller duda de la violación de derechos en Cuba
La creatividad verbal es el atributo más reconocido del nuevo canciller Rafael Bielsa, un hombre que pavimentó su acceso al gobierno con libros de ficción narrativa y, principalmente, varias colecciones de poesía lírica. Pero lo que sirve para llegar al gobierno nunca sirve para ejercerlo, ya que los sueños de la razón -diría Goya-producen monstruos. Por caso, Bielsa, que tiene tantos amigos en la prensa, ni puede dudar de que existen acusaciones sobre violación de los derechos humanos en Cuba. O exagerar al decir que la Argentina tiene una imagen abominable en el exterior, más él que ha pertenecido a los gobiernos criollos desde la década de los años '80. A menos que entienda que esa imagen no la han creado los gobiernos, sino otros gremios (escritores, futbolistas, animadores de TV, humoristas). Veamos a Bielsa oral y público, según el reportaje que dio al madrileño y monárquico diario "ABC".
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Rafael Bielsa: Me parece que abominable. Como la de un conjunto de chiflados, inmaduros que se creen mucho más importantes de lo que son, que poseen alguna potencialidad, pero que no siempre concretan. Hay una anécdota muy gráfica. Se ve un relámpago y un argentino dice: «Es Dios que me está sacando una foto». Creo que si yo conociera a una persona de otro país que me diera esa imagen lo despreciaría y me imagino que nos desprecian.
P.: ¿Cómo puede usted modificar esa imagen?
R.B.: No puedo. Es una tarea colectiva o no existe. No es una tarea de un hombre, de un gabinete o de un gobierno. Lo mejor que podría pasar es que la sociedad fuera dándose cuenta de que, día a día, es un poquito mejor, y las tres curvas terribles de la Argentina -exclusión social, inequidad de distribución del ingreso y la del desempleo-fueran a diario corrigiéndose un poco. Si cuando termina su gestión a los cuatro años las ha superado en porcentajes razonables, ésa sería una buena administración. El volumen de la tarea es hercúleo y lo más difícil es lograr un cambio cultural, de percepción de las cosas.
R.B.: Evidentemente, tan dañadas están las relaciones con Estados Unidos que mandan al secretario de Vivienda. Ni me enoja ni me deja de enojar. Considero, como dijo Paul O'Neill (secretario del Tesoro), que tenemos lo que merecemos. No me parece ninguna ofensa.
P.: Usted, como el presidente Kirchner, tiene una vocación «latinoamericanista». ¿En qué términos se van a desarrollar las relaciones entre Washington y Buenos Aires?
R.B.: Primero, yo no tengo una vocación «latinoamericanista», tengo una visión universal porque ésa es mi formación intelectual. Lo que tengo es una preferencia estratégica «latinoamericanista». Pero hay que entender que Estados Unidos es un país amigo, no es hostil, y debemos relacionarnos de manera adulta, con una agenda concreta. Durante este tiempo, eligieron la Argentina como caso ejemplar, para castigarnos, y tenemos que pensar qué hemos hecho para merecer eso. Ahora, si la Argentina cumple con sus compromisos, se convierte en previsible, con gobernabilidad y con seguridad jurídica, se reencauzan las relaciones y ya no tendría ningún sentido que Washington siguiera actuando como el último año y medio.
P.: En España existe cierta preocupación por las inversiones nacionales. Las empresas de servicios privatizadas, desde hace año y medio, siguen con las tarifas congeladas.
R.B.: Quiero creer que las relaciones entre la Argentina y España están por encima de una peripecia económica, que tienen más condimentos; es nuestra madre patria. Respecto del tema mencionado, lo conozco a fondo porque trabajé en la comisión negociadora que se creó después de la devaluación y la pesificación. Es muy complejo desde el punto de vista técnico; por un lado, es cierto que esas empresas obtuvieron extraganancias durante un período muy largo, que se justificaban en un endeudamiento irresponsable del país, pero también lo es que había contratos y que éstos se tienen que honrar. La solución creo que está un poco en el medio. Hay que tratar de encontrar un compromiso entre el flujo de caja de las empresas, que no puede ser negativo, y la posibilidad real de que ese impacto se dé en la ciudadanía. En este sentido, tengo que decir que la actitud de las empresas en aquella comisión fue de mucha madurez; no adoptaron una conducta soberbia o desmedida, todo lo contrario. Creo que es el camino a seguir pero con plazos, resultados y metas. Las empresas tampoco pueden seguir eternamente sosteniendo la incertidumbre de cuáles van a ser sus números.
P.: ¿Hubiera recomendado a Duhalde abstenerse en la votación contra Cuba por la violación de los derechos humanos en la ONU?
R.B.: No sé si lo hubiera recomendado. Lo que digo es que el voto está emitido y se alinea con el de Brasil. Espero que en el año que falta no nos den motivos para tener que cambiarlo, pero, en lo personal, comparto el voto de abstención del gobierno de Duhalde.
P.: Usted padeció la dictadura argentina, estuvo exiliado en España. ¿No le parece que en Cuba se violan los derechos humanos? Tres ejecuciones, virtual cadena perpetua para unos setenta intelectuales... ¿No es eso una violación...?



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