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14 de enero 2002 - 00:00

El país de los sueños

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No importa que hace 90 días, el 14 de octubre, sólo lo haya votado para senador 1 de cada 4 bonaerenses (lo cual significa medio argentino de todo el país).

Carlos Ruckauf soñaba con abandonar la gobernación de la provincia de Buenos Aires, quebrada por un déficit, del cual es responsable también, y ser jefe de Gabinete o canciller de un elenco nacional de gobierno. No importa que hasta hace unos meses despotricaba contra los brasileños que le arrebataban empresas radicadas en su territorio -y ahora será peor por el cansancio empresario-pero Ruckauf ya debe halagar a Brasil casi como un amigo -interesado- cuando este gobierno se aísla cada día más del resto del mundo.

Raúl Alfonsín soñaba con reivindicar su «Plan Austral» de 1985 y lo logra apartando al duhaldismo del resto del peronismo y haciendo nacer el «Plan Reyes Magos». No importa que el «Austral» terminara en hiperinflación y el «Reyes» también va hacia allí, salvo que mantenga indefinidamente el cerrojo sobre los ahorros del público en los bancos.

Los brasileños soñaban con que la Argentina definitivamente les deje a ellos producir industria en el Mercosur y se dedique a la actividad agropecuaria, para lo cual tiene mejores tierras y clima. No importa si como consecuencia del «Plan Reyes» este año la venta de autos bajará en la Argentina a unos 120.000, lo que obligará a cerrar no menos de 5 de las 10 fábricas automotrices que ahora producen y eso traerá más desocupación, dependencia externa y menos divisas de exportación.

Hilda Duhalde soñaba con extender al país su estructura de «manzaneras» de la provincia de Buenos Aires e imponer su tesis de que debe sacarse el nombre de «trabajar» de los planes de subsidio de $ 200 sin contraprestación laboral alguna. No importa que el asistencialismo bonaerense sea parte decisiva del déficit de 1.700 millones cada año en el presupuesto provincial, haya sido el principal desborde del presupuesto nacional, les haya creado fama de «dilapidadores» a todos los restantes gobernadores ante los organismos internacionales y haya iniciado la devaluación al emitirse miles de millones de pesos en forma de moneda sustituta del verdadero peso (bonos provinciales).

Los radicales Leopoldo Moreau y Federico Storani soñaron siempre con tener gravitación en un gobierno nacional. No importa que la gente no los quiera, que jamás hayan podido pasar de encolumnarse en listas sábana sin ganar ni una sola elección de ejecutivos, aunque más no sea de intendentes municipales.

Jorge Todesca siempre soñó con ser uno de los pocos personajes en el mundo que, como funcionario, se hayan podido dar el lujo de decirles al Fondo Monetario Internacional, a sus autoridades y técnicos: ¡cállense la boca! No importa que desde hace 48 horas, cuando pronunció la patética frase -exactamente «que no opinen más»-, se ahondó el aislamiento mundial de la Argentina y se alejó más todavía la posibilidad de recibir ayuda de los organismos internacionales, sin lo cual ningún país emergente puede zafar de un default que ya de por sí significa supresión de todos los restantes créditos, de naciones o de privados.

Aníbal Ibarra, Juan Cafiero y el residual del frepasismo siempre soñaron con volver a integrar desde la izquierda un gobierno nacional pero totalmente populista, como ellos, algo que les facilitó insospechadamente el duhaldismo-alfonsinismo.

Hugo Moyano, Rodolfo Daer, Luis Barrionuevo, Armando Cavalieri, Oscar Lezcano y otros sindicalistas criollos siempre soñaron ser pilares de un gobierno que repudie la deuda externa del país y haga asistencialismo permanente, con o sin fondos, algo que aparta las miradas de sus enriquecimientos personales.

No importa que ahora ya vivan con el temor de que vaya a cerrar alguna empresa grande y la ola de nuevos desocupados los incinere o que dentro de poco tengan que salir a pedir aumentos salariales porque el «Plan Reyes», que ayudaron a crear desde sus manifestaciones callejeras, tiene la invisible consecuencia de traer inflación y reducir el salario real del trabajador.

Hay más, muchos más soñadores.

El periodista televisivo Jorge Rial ha impuesto la frase realista «país generoso». Lo es. Tanto que siglos de vigencia de los apotegmas de Calderón de la Barca se completan ahora en la Argentina: aquí sueñan lo que son, pero además el país generoso se lo permite ejecutar.

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