22 de agosto 2003 - 00:00

Elección decisiva este domingo para el rumbo del país

El domingo reabren las urnas para tres elecciones clave, de cuyo resultado dependerá mucho la suerte del país. La Capital Federal elige nuevo jefe de Gobierno, un enfrentamiento entre el moderado Mauricio Macri y el frentista de centroizquierda Aníbal Ibarra. Una puja singular porque detrás de esas opciones se han alineado militantes de todos los partidos en una elección que alguien podría ver como una especie de interna del peronismo y que llama la atención por un dato que la hace histórica: por primera vez desde que existen, el PJ y la UCR no disputan entre sí el poder en el distrito. Néstor Kirchner ha arriesgado la fuerza que tiene todo presidente al llegar al poder a la chance de Ibarra, quien asumió el cargo que quiere repetir de la mano de Fernando de la Rúa. Cree que si vence Ibarra ganará aire para armar el partido de gobierno, paralelo al peronismo, con que sueña. Si se impone Macri, teme que se consolide un eje adversario. También se vota en Catamarca, donde el gobierno apuesta a la fórmula radical de Eduardo Brizuela del Moral contra la hermana del sindicalista Luis Barrionuevo; cree que también allí juega su destino. En Salta, se votan convencionales para reformar la Constitución provincial y permitir la reelección de Juan Carlos Romero, que acompañó en la fórmula a Carlos Menem el 27 de abril. Un domingo decisivo.

Elección decisiva este domingo para el rumbo del país
"Dios está con nosotros; El cree en lo que estamos haciendo." Al filo del primer round electoral, Mauricio Macri mostró ayer su costado místico: casi un reconocimiento de que ya no hay nada terrenal que se pueda torcer el resultado de la toreada del domingo.

También una ironía del candidato ante la saturación de figuras, desde Néstor Kirchner hasta su esposa Cristina Fernández, y casi todo el electo de ministros nacionales, que «bajaron» a la Ciudad para apuntalar a Aníbal Ibarra, el candidato oficial de Olivos en el duelo porteño.

Macri reveló ese respaldo divino en la anteúltima parada, en Coghlan, de la caravana con que recorrió ayer distintos barrios, formato que eligió para su cierre de campaña; contracara -dijo- de los actos tradicionales saturados de bombos, pancartas y pirotecnia.

Durante la gira, coronación de una de las campañas más ácidas del último tiempo, Macri repartió promesas, acusó de «mediocre» a Ibarra y agradeció, a cada vecino que se acercó a saludarlo, el apoyo que, dijo, le permitió soportar las «calumnias y agresiones» disparadas por sus rivales.

En esa clausura por escalas, el candidato de Compromiso para el Cambio, repitió como receta infalible su salmo de campaña: «Vamos a bajar 15% los impuestos, para que ustedes consuman más, eso genere más empleo y con menos desocupación, bajará la desocupación», detalló.

Arrancó temprano en el Sur, con color peronista, en Villa Lugano. «No nos vamos a olvidar del Sur; en el Sur está nuestro corazón», dijo Macri ante unas mil personas luego de juramentar que, si en diciembre asume como jefe de Gobierno, construirá un hospital en la zona.

• Anuncio

Después caminó por Caballito y sobre el mediodía recorrió Villa Soldati y visitó el comedor Los Piletones, que coordina la trabajadora social Margarita Barrientos. Desde allí anunció un plan alimentario para asistir a 300 mil porteños que «viven en la pobreza».

Con referencias breves, Macri mutó su eje discursivo según el escenario: mientras en el Sur habló de obras de infraestructura básica, empleo y programas sociales, en el Norte enfocó la crisis de inseguridad, el problema de las inundaciones y su propuesta de rebaja de impuestos.

Igual, en cada parada, repitió una consigna.
«Quisimos cerrar esta campaña electoral en la calle y con la gente» para «pedirles de frente que nos acompañen para que el 10 de diciembre Buenos Aires se ponga en movimiento para liderar una Argentina en crecimiento».

Retomó además las líneas de un spot publicitario. «Al ver el entusiasmo de la gente, hoy estamos más convencidos -aseguró- que nunca de habernos metido en política, y desde la política vamos a cambiar y mejorar las condiciones de vida de los porteños.»

Luego, a media tarde, en Coghlan caminó junto a las vías de ferrocarril donde hace unas semanas fue violada una adolescente de 17 años, hecho que se sumó a una serie de cuatro episodios similares ocurridos en la zona en los últimos meses.

«Lamentablemente, éste es un lugar paradigmático de la inseguridad con que vivimos en Buenos Aires. Pero no debemos resignarnos: debemos volver a ser libres en nuestra Ciudad»
, afirmó Macri trepado a una camioneta ante un centenar de vecinos.

Para la despedida en Belgrano sus socios de la Alianza del Centro, con
Fernando Bustelo, el peronista y riverplatense Diego Santilli y el combo generacional de Jorge Mercado montaron un show con tono de campaña: papelitos, batucada y un tibio intento de cantar la marcha peronista.

Antes de ese mitin, la caravana de Macri se tropezó con una rival: la del Partido Obrero que promueve a
Marcelo Ramal como jefe de Gobierno, lo que generó toreos a distancia de los militantes de ambos grupos y un duelo de locutores por imponer a los gritos a sus candidatos.

Casi de noche, tras revelar el apoyo divino, Macri -más mundano- reunió a los dirigentes que empujan su candidatura y a los fiscales que tendrán que controlar la elección un «último esfuerzo». En rigor, admitió, es el anteúltimo porque el round final será el 14 de setiembre.

Dejá tu comentario

Te puede interesar