9 de diciembre 2008 - 00:00

En Rusia, Cristina firmó acuerdos, habló de un mundo multipolar y pidió afianzar relaciones

Cristina en su primera visita oficial en Rusia.
Cristina en su primera visita oficial en Rusia.
En el primer día de visita a Moscú, la presidenta Cristina Kirchner se entrevistó con el primer ministro Vladimir Putin, en un encuentro en el que hubo críticas para Washington, un pedido de apoyo por las Malvinas y la confirmación de que los argentinos podrán viajar a Rusia sin necesidad de visas.

No es éste para la Presidenta un viaje más: es que, además de la importancia política y comercial asignada al breve periplo, a Cristina le habrá costado sustraerse a la atmósfera de historia que albergan las paredes y murallas del Kremlin.

Apenas llegó a Moscú, se alojó en el mítico conjunto de fortificaciones que fue residencia de los zares (en el siglo XVIII), base de ocupación de las fuerzas napoleónicas (en el XIX), asentamiento de la revolución después de 1917 y, en la actualidad, un conglomerado de sedes gubernamentales que incluye la residencia oficial del presidente ruso.

El Kremlin no es un palacio, sino cuatro, que forman parte de un conjunto que incluye cuatro catedrales, todo delimitado por una gran muralla. Ubicado a un costado de la Plaza Roja y frente al río Moscova, exhibe una exhuberante belleza arquitectónica que lo ha convertido, desde 1990, en Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La invitación a alojarse en el ala residencial del Kremlin fue interpretada como un gesto del Gobierno ruso para destacar la jerarquía que le asigna al vínculo con la Argentina. Lo mismo que los honores con los que la jefa de Estado fue recibida, al mediodía bajo una fría llovizna, en el aeropuerto Sheremetyevo de Moscú.

En su primer día en esta ciudad, la Presidenta se reunió con Putin, actual primer ministro que dejó la presidencia en mayo pasado en manos de Dimitri Medvedev (a quien había elegido como sucesor), pero el mundo lo reconoce como el poder real en Rusia.

Existe entre el matrimonio Kirchner y Putin un antecedente desafortunado: en 2004, el entonces mandatario ruso había aceptado un encuentro inusual con el ex presidente y su esposa: los esperaría en el aeropuerto militar de Moscú, a donde llegarían desde Praga, camino a Beijing.

Pero después de dos horas de espera decidió irse, en un episodio que dejó, por lo menos, una mácula en la relación bilateral. Por eso, apenas habían terminado los agradecimientos de forma, Cristina hizo alusión a aquel desencuentro, en lo que pareció una explicación.

Había destacado que ésta era su primera visita a Rusia y agregó: "En realidad, debo corregirme.... Es la segunda, lo que ocurre es que en la anterior no pudimos encontrarnos por problema de horario".

Después de la traducción, Putin (un hombre bajo, de hablar pausado y gestos módicos) asintió con la cabeza. La primera parte del encuentro entre la Presidenta y el primer ministro ruso fue abierta a los periodistas.

Acompañados por un pequeño grupo de colaboradores cada uno (con Cristina estuvieron el ministro Julio De Vido, el canciller Jorge Taiana, la ministra Débora Giorgi y el vocero Miguel Nuñez), la Presidenta y Putin se sentaron uno frente a otro en un barroco salón de la Casa de Recepciones del Gobierno.

Tanto la prensa rusa como la argentina que cubre el viaje presidencial pudieron asistir a unos diez minutos de la reunión.

Putin habló del crecimiento que ha tenido el intercambio comercial entre Argentina y Rusia ("se ha multiplicado por cinco", destacó) y de la necesidad de explorar nuevas oportunidades, más allá de las áreas tradicionales.

La Presidenta argentina destacó los lazos con Rusia, subrayó las perspectivas de cooperación en materia espacial y de energía nuclear y agradeció, como "un invalorable gesto de amistad hacia los argentinos", la decisión del gobierno ruso de eliminar la exigencia de visa para viajar desde nuestro país hacia su territorio.

Cristina Kirchner puso el acento, además, en la conveniencia de "articular nuestras relaciones en el nuevo escenario internacional", y habló de "la necesidad de un mundo más multipolar, con nuevos actores".

"El regreso de Rusia a ese escenario -le dijo Cristina a Putin- es una buena noticia".

Y en lo que se lee como una crítica a Estados Unidos, la Presidenta afirmó que "el mundo unipolar nos ha traído muchos dolores de cabeza, no sólo en materia de seguridad sino también de estabilidad económica".

De esta manera, la jefa de Estado acentuó la relación política con Rusia, a pocos días de que el presidente Medvedev haya completado una gira que lo llevó a la Venezuela de Chávez, a Brasil y a Cuba, un viaje al que la Casa Blanca prestó una especial atención.

En el encuentro con Putin, la presidenta argentina destacó como objetivos comunes la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Y puso especial énfasis en agradecer el apoyo de Rusia al reclamo argentino por la soberanía sobre las islas Malvinas.

En ese sentido, habló de la necesidad de cumplir las resoluciones de la ONU. "Un mundo sin reglas es imposible. Pero un mundo con reglas distintas para los más fuertes genera brechas de dificultad y rencores que no ayudan", afirmó.

Cristina llegó a Moscú, en un viaje que apenas durará 36 horas, con dos objetivos: potenciar el intercambio comercial con un país que tiene casi 143 millones de habitantes y un PBI per cápita superior a los 8.600 dólares.

Por eso la acompaña una nutrida delegación de empresarios, interesados en tejer redes de negocios en campos tan diversos como la agricultura y la energía nuclear (ver aparte).

Y, por otro lado, relanzar una relación bilateral que ha sufrido históricos altibajos.

La reunión de hoy con el presidente Medvedev, y la firma de una serie de acuerdos bilaterales, le pondrá el broche de oro a una visita que aspira a ser el puntapié inicial de una nueva etapa en la relación con Rusia.

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