Había recibido tantas críticas, se lo veía tan mal, tan teórico. Desde el comienzo sorprendió su designación como ministro de Justicia y Seguridad. Irritaba con sus críticas violentas al gobierno de Carlos Menem, luego de haberlo integrado. Se le reprochaba ser tan casquivano y volátil en política que casi nadie lamenta que el presidente Néstor Kirchner lo haya hecho renunciar como ministro a Gustavo Béliz. No servía para el cargo, pero su alejamiento deja una duda: ¿hay un control dictatorial, tipo Gestapo, de la SIDE en este momento en la Argentina que Béliz denuncia bajo la palabra genérica "mafia"? Otra duda: ¿será cierto que desde la Casa Rosada prefieren que mueran policías desarmados, linchados por manifestantes por no tener un arma -ni siquiera en las últimas líneas defensivas o a nivel de oficiales-, y que por oponerse a eso tuvieron que irse un hombre serio y respetable como el fiscal Quantín y también Béliz, pese a que éste tenía muchos otros motivos? Porque no es conveniente para nadie el operativo montado el jueves contra piqueteros con 1.000 policías desarmados, cerrando todos los accesos por calle a la Legislatura porteña -ideado por el propio presidente Kirchner, se aclaró, "por su experiencia en Santa Cruz-ya que era un acto prenunciado con una semana de anticipación. ¿Qué sucedería ante un imprevisto donde no se puede planear tanto despliegue ni erigir tantas vallas metálicas?
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