Una lo lleva en su versión castellana, Cristina, y la otra en la francesa, Christine, pero la presidente argentina, Cristina de Kirchner, y la esposa del canciller francés, Bernard Kouchner, Christine Okrent, comparten más que el nombre de pila. Ambas son mujeres en rebelión contra el apellido de sus cónyuges. «¡No soy Cristina Kirchner!», fue la frase inicial del discurso de la entonces primera dama, al lanzar su candidatura a senadora por Buenos Aires, en 2005, enojada porque habían olvidado el «Fernández».
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Christine Okrent tiene una destacada carrera en el periodismo francés. Llegó a ser la primera mujer presentadora de noticiarios televisivos. Fue directora adjunta de una de las principales cadenas, TF1, y jefa de redacción del semanario «L'Express». Ahora, conducía un programa de debates políticos en la televisión, no sin alguna polémica desde que su esposo fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. Pero el 20 de febrero pasado, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, la nombró directora general del holding France Monde que agrupa todos los medios audiovisuales franceses destinados al exterior: TV5 Monde, France 24, Radio France Internationale. Esto suscitó una ola de críticas de los sindicatos del rubro -a los que ningún «Moyano» ha domesticado todavía-, que denuncian «un conflicto de intereses» y ven una amenaza a «la credibilidad» del holding que funciona en la órbita del primer ministro, por lo tanto, del gabinete en el cual Kouchner ocupa un lugar importante.
Como Cristina de Kirchner, la Okrent tiene el carácter fuerte y el enojo fácil. Se quejó airadamente por «la humillación» de ser «periódicamente reenviada a ese estatus de ' mujer de' negando su identidad, sus competencias, su trayectoria profesional». Y, vengativa, agregó: «Espero el momento en que se diga 'el hombre de' y se pida a éste que se sacrifique». No aclaró si se estaba refiriendo a su esposo. Pero él, igualmente, se dio por aludido: «Si hubiera un conflicto de intereses, sería el primero en reconocerlo». Y, defendiendo a su esposa, dijo: «En 26 años ella nunca me hizo una entrevista».
Ultimo debate
Están por cumplirse cuatro años de aquel inolvidable congreso del Partido Justicialista en Parque Norte, en el que Cristina de Kirchner atacó intempestivamente a Hilda González de Duhalde y a Olga Ruitort, entonces esposa del ex gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, lanzándoles: «Mi partido debe dejar de dar el lugar a las mujeres portadoras de marido». Aunque Aníbal Fernández lo descalificó como un debate «de alta peluquería», quizá haya sido el último. Kirchner ya se aseguró de que en los próximos congresos no haya ningún debate, ni de alta peluquería ni de los otros.
Nicolas Sarkozy defendió a Christine Okrent: «Detesto que las mujeres se vean reducidas a lo que hacen sus maridos.Me parece escandaloso que se proteste porque ella tiene un compañero que se llama Bernard Kouchner. Carla Bruni era cantante antes de que yo la conociera». Aquí ya tiene nuestra Cristina un tema de conversación para el almuerzo que compartirá próximamente con el presidente francés. A este hombre sensible a los temas de género podrá contarle sus desvelos en el país para explicar que «ella» fue senadora antes que «él» presidente. Aunque es de presumir que obviará decirle que «ella» fue diputada y senadora después que (y tal vez porque) «él» fue gobernador de Santa Cruz.
En sintonía con Sarkozy, Kouchner dijo que no veía «por qué siempre tienen que ser las mujeres las que renuncien». Bernard sería el marido ideal para Cristina, quien, cuando se le preguntó si no creía que debía renunciar a la banca de senadora, se enojó: «¡Que renuncie en todo caso él!».
Kirchner prefirió desoír la sugerencia, a diferencia del francés Kouchner, dispuesto a dar un paso al costado para no ser una traba en la carrera de su mujer. «Si hay discrepancias, yo dimito». Sus argumentosson por demás curiosos: «Yo sería el primer tipo en hacerlo para que su mujer tenga un cargo público. Eso sería muy bueno para Francia». Cuesta ver cómo puede ser bueno para Francia que renuncie su canciller. Más aún, cuesta ver cómo puede ser bueno para un país que los hombres que lo dirigen permitan que su gestión se vea tan perturbada por consideraciones de índole sentimental.
En realidad, Okrent, Sarkozyy Kouchner se están escudando en el género para justificar lo que en el fondo es un conflicto de intereses. Que lo sería también en el caso de un hombre. La esposa o el esposo de un alto funcionario o alta funcionaria del Estado no pueden estar al frente de los medios de comunicación estatales. Al menos, no deben.
Cristina Fernández no debió presidir la Comisión de Juicio Político ante la cual comparecían personas señaladas públicamente por su esposo. También ella apeló a la excusa de género.
Pero eso ocurrió en la gestión anterior. En ésta, nos han prometido una cada vez mayor calidad institucional.
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