El planeta piquetero K arde. Las antiguas o recientesalianzas se quebraron, y «los cuatro grandes» que algunas vez fueron el brazo callejero de Néstor Kirchner sepultaron, quizá para siempre, su sintonía común y, sobre todo, la idea de una integración.
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La última fractura, ruidosa, fue la del tándem Luis D'Elía-Edgardo Depetri. El líder de la FTV y el del Frente Transversal tenían, desde mediados del año pasado, un trabajo compartido y hasta planearon, en algún momento, fusionar sus organizaciones.
Aquel acuerdo fue el intento postrero de revivir lo que fue, en los momentos de esplendor, el ejército piquetero K que reunía a cuatro organizaciones numerosas: la FTV, el Frente Transversal, Libres del Sur, de Humberto Tumini; y el Movimiento Evita, de Emilio Pérsico.
Con el quiebre de la entente D'Elía-Depetri se termina de derrumbar aquel modelo. Y los matices y las diferencias que siempre existieron entre los grupos, por origen, por formación o por concepto sobre el proceso K, vuelven muy difícil que, alguna vez, se reconstituya.
La hoja de ruta de esa reconversión se produce en varios frentes:
El obvio deterioro de la marca «piquetero» empuja a todas las organizaciones a sacarse de encima ese mote. Los ensayos, incentivados por Oscar Parrilli, de convertirlos en «organizaciones sociales» nunca resultaron exitosos. Hubo casos extremos: Pérsico arrastró al Evita a incorporarse al PJ nacional con la peregrina ilusión de que esa pertenencia borraría cualquier categoría anterior. Tumini llegó, incluso, a archivar -temporalmente-el nombre Barrios de Pie y conformar, sobre la misma base, Libres del Sur para dejar superar aquella experiencia de la que no reniegan pero creen superada.
La incorporación, vía Parrilli, al esquema K nunca fue del todo propicia. En el origen hay un impedimento: los piqueteros K se consideran a sí mismos « socios» del kirchnerismo pero no, en su esencia, partes del kirchnerismo. Por eso, ante cada suceso, deben renegociar condiciones de pertenencia. Quizá el que más incorpora, por su cercanía con Kirchner, es Depetri. Esa identidad ambigua fue lo que disparó la ruptura Depetri-D'Elía. El jefe de la FTV quiere extender su incidencia al armado en la centroizquierda para, siempre dentro del paraguas K, buscar su propio lugar. Ensaya, entonces, acercamiento con partidos y sectores de izquierda, entre ellos, el PC de Patricio Etchegaray.
Lo que Pérsico busca dentro del PJ D'Elía lo rastrea en otras canteras. Pero a Pérsico, dentro del partido, no le borran el estigma de piquetero, y el dirigente ve muy difícil que a la hora del reparto electoral, dentro del PJ se lo tenga en cuenta. Imagina, por eso, que podría terminar aliado con otras organizaciones a nivel territorial.
Depetri y Tumini tienen, además del mismo objetivo, la misma herramienta: confluyen en el intento de armado de la progresía kirchnerista, donde están el Frente Grande y el socialismo, entre otros partidos. Integrar la «gauche K» aparece, en su horizonte, como una opción de readaptación en la medida en que ésta funcione como una colectora de la alianza que los Kirchner mantienen con el PJ y los gremios. En esa alianza, que alguno llama con mordacidad « sabbatellismo» -por Martín Sabbatella, intendente de Morón-ponen un largo menú de requisitos a la posible incorporación de grupos que carguen, aún injustamente, el sello de piqueteros.
Hay, además, una notable distinción entre los ultraleales -como Depetri-y los más autónomos -como Tumini-respecto de qué aceptar y qué no del modelo K. Libres del Sur llegó, incluso, a hacer una movilización contra Julio De Vido, a quien tributó en algún momento D'Elía, pero con quien terminó de punta.
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