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7 de febrero 2003 - 00:00

Frente al mar, Duhalde se arma para cumbre conyugal

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Eduardo Duhalde, Felipe Solá e Hilda Chiche Duhalde.

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Marido abnegado, esperaba Duhalde ayer en el mirador de la residencia, frente al mar, hojeando los borradores que le llevaron Luis Verdi y Carlos Ben (a quien llaman Ben-Laden por su espíritu democrático). Estudia el discurso que ofrecerá al Congreso que lo nombró el 1 de marzo: «Lo peor ya pasó» es la primera frase, derivada de la original pluma de Osama.

Duhalde les dijo a todos sus interlocutores de las últimas 48 horas que está seguro de convencer a su esposa para que acepte secundar a Solá en las elecciones bonaerenses. Para eso se va a reencontrar con Chiche en Chapadmalal, adonde ella llegará desde Tucumán. A los que dudan del resultado de esa reunión conyugal «Negro» los despacha, las cejas arqueadas, con un «quedate tranquilo». Da a entender que lo de su esposa es una jugada -cosa que ella se encargó de desmentir a sus confidentes tucumanos- e, «in extremis», que a él tampoco hay mujer que se le niegue.

Todo el peronismo bonaerense está pendiente de esa charla matrimonial que se va a desarrollar en la alcoba del balneario. Sucede que si finalmente la primera dama no concurre como segunda de Solá, es posible que la interna en la provincia resulte más animada que ahora. Si Solá no es el favorito de los Duhalde, hay aspirantes a la gobernación que tal vez se le animen. Felipe y su entorno no creen en esa opción: «Finalmente los Duhalde van a jugar con nosotros. No pueden entregar la Nación y también el distrito. Y darle la derecha a Rico es entregar el distrito porque él viene por todo», dice el mandatario.





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