Gana Macri por 3 puntos y medio. Récord de no concurrencia: 30%
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Si es malo el uso, también con fines electorales, de fondos públicos en gente hambrienta -el neopopulismo que inauguró Duhalde y continúa Kirchner-, es peor si eso se suma a los males argentinos clásicos, por ejemplo, la agresividad o anteponer siempre los intereses personales a los del país, por aquello que decía Borges de que «nos sentimos habitantes y no ciudadanos de una nación llamada Argentina».
Será peor para lograr un resultado final serio en segunda vuelta que sirva al mejoramiento general por la verba lacerante del proselitismo vivido estos días. Luis Zamora, desde una izquierda muy particular de rojo supersubido, ha insultado tanto a Aníbal Ibarra -inclusive hasta amenazó con golpearlo- que prácticamente está inhabilitado para decirle a su gente -en un porcentual quizá decisivo- que lo vote a aquél en segunda vuelta. Patricia Bullrich -con menor éxito electoral que Zamora- fue quinta columnista de Ibarra contra Macri. Ella tenderá a abstenerse tras decirle centenares de veces al presidente de Boca que «quiere manejar la Ciudad como una empresa». Es algo que suena a un insulto, pero es una insipidez intelectual. El principio de ejercer el mando en gobierno nacional, provincial, empresa o familia es siempre el mismo, dentro de la cordura: gastar de acuerdo con el ingreso. Además, tampoco el superior de ella, Ricardo López Murphy, se ha caracterizado mucho -y eso lo está devaluando como líder opositor- en jugarse por nadie ni arriesgándose a críticas sin circunloquios. Sí tendrá Ibarra apoyos abiertos en Elisa Carrió y del mismo Kirchner, aunque pueda ser un efecto bumerán que desprestigie la figura presidencial si finalmente Ibarra pierde. Por otro lado, se piensa que, si no mantuvo Kirchner neutralidad antes, menos la tendrá ahora, cuando juega con desesperación a ganar un distrito electoral grande, fuera de los pequeños patagónicos.
Bullrich y Zamora, entonces, canibalizaron para su apetito a sus parientes cercanos en ideología. Aunque el trotskista es incompatible con nadie del arco político, sus seguidores, más allá de su líder, o votan a Ibarra o no votan, lo cual es probable. Lo de Bullrich, más allá de su silencio previsible (es posible que vaya con el circunloquio de «a cualquiera, pero a Ibarra jamás»), tiende a suponerse que debería ir a Macri, pero no se sabe en qué porcentual.
Tiene menos asegurados los votos el debutante para el ballottage y tendrá menos pronunciamientos a su favor. Esto hace dudar del ganador final.
Macri dependerá más de la posición de los neutrales y de la gente que es querendona y simpatiza mirando quizás a quien ganó con todo el oficialismo -el nacional y el municipal- en contra.




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