25 de agosto 2003 - 00:00

Gana Macri por 3 puntos y medio. Récord de no concurrencia: 30%

Gana Macri por 3 puntos y medio. Récord de no concurrencia: 30%
Ganó Mauricio Macri la elección en Capital Federal y puede aguardar con esperanzas la segunda vuelta, aunque no tiene asegurada la consagración. Hay varias fuerzas -de izquierda, desde ya- con porcentuales interesantes para jugarle en contra el 14 de setiembre (segunda vuelta). Ahora acechan su triunfo los reagrupamientos naturales de votos, porque es sabido que la ética electoral, en cuanto a la neutralidad de quienes ejercen el gobierno, ya se perdió el 27 de abril.

Eduardo Duhalde -aunque quizá hoy dude- inventó el uso de fondos del Estado para parar un triunfo de Carlos Menem. La misma táctica usó Néstor Kirchner y con más necesidad por ganar que Duhalde sobre el riojano que, en definitiva, fue una puja personal, aunque se la disfrazó de diferencias de enfoque «económico-sociales». A propósito de esto, a todo gobernante, a toda persona, le gusta el cariño del grupo que deriva siempre de «repartir». Pero lo que distingue al buen gobernante y lo puede empinar hasta estadista es saber qué tiene para dar.

El uso de fondos públicos -en dádivas neopopulistas, en publicidad abierta o encubierta, en forzar inauguraciones o darle al candidato preferido lo que lo mejore; por ejemplo, el presidente Kirchner cedió tierras nacionales largamente discutidas al municipio porteñoes oportunismo y falta de objetividad que suele terminar afectando la credibilidad, así gane o pierda por su opción.

Una acción así de un gobierno -nacional o provincial- es más peligrosa que nunca para una democracia, porque es mucho más efectiva cuando un país está en crisis. Se vio en la última elección: con tanto desempleo, subempleo y hasta hambre, se desentendieron de votar 4 millones y medio de personas, más que las que sufragaron por el actual presidente de la Nación y en un porcentual (23%) como no se daba en el país desde la década de 1930, en la anterior gravísima crisis económica. Ayer se repitió el fenómeno en la Capital Federal. No votó 30% del padrón (superó el récord de 1937). O sea, 800.000 porteños ignoraron las urnas y ese grupo fue el «tercer triunfador».

Ante la apatía y abstención por la crisis, la única concurrencia asegurada es la del ciudadano politizado y del disputa y candidato.

Se exageraría si se dijera que el voto a Macri es esencialmente anti-Kirchner y a este diario le consta fehacientemente. Por encuestas propias (no pagas ni fraguadas), Macri en setiembre del año pasado ya reunía en Capital Federal 33%, tanta intención de voto a favor como 11 candidatos opositores juntos (32%), incluido Aníbal Ibarra, con un famélico 7,13%, por considerar la gente ineficiente su gestión. Podría decirse entonces lo contrario: Néstor Kirchner, con su apoyo abierto y aunque no justo desde el gobierno nacional, mejoró la performance del por ahora jefe de la Ciudad. También la elección nacional del 27 de abril, a decir verdad, benefició a Macri al retirar como candidatos a Gustavo Béliz y a Daniel Scioli. El paso a la esfera nacional de Rafael Bielsa, en cambio, benefició a Ibarra.

Si es malo el uso, también con fines electorales, de fondos públicos en gente hambrienta -el neopopulismo que inauguró Duhalde y continúa Kirchner-, es peor si eso se suma a los males argentinos clásicos, por ejemplo, la agresividad o anteponer siempre los intereses personales a los del país, por aquello que decía Borges de que
«nos sentimos habitantes y no ciudadanos de una nación llamada Argentina».

Será peor para lograr un resultado final serio en segunda vuelta que sirva al mejoramiento general por la verba lacerante del proselitismo vivido estos días. Luis Zamora, desde una izquierda muy particular de rojo supersubido, ha insultado tanto a Aníbal Ibarra -inclusive hasta amenazó con golpearlo- que prácticamente está inhabilitado para decirle a su gente -en un porcentual quizá decisivo- que lo vote a aquél en segunda vuelta. Patricia Bullrich -con menor éxito electoral que Zamora- fue quinta columnista de Ibarra contra Macri. Ella tenderá a abstenerse tras decirle centenares de veces al presidente de Boca que «quiere manejar la Ciudad como una empresa». Es algo que suena a un insulto, pero es una insipidez intelectual. El principio de ejercer el mando en gobierno nacional, provincial, empresa o familia es siempre el mismo, dentro de la cordura: gastar de acuerdo con el ingreso. Además, tampoco el superior de ella, Ricardo López Murphy, se ha caracterizado mucho -y eso lo está devaluando como líder opositor- en jugarse por nadie ni arriesgándose a críticas sin circunloquios. Sí tendrá Ibarra apoyos abiertos en Elisa Carrió y del mismo Kirchner, aunque pueda ser un efecto bumerán que desprestigie la figura presidencial si finalmente Ibarra pierde. Por otro lado, se piensa que, si no mantuvo Kirchner neutralidad antes, menos la tendrá ahora, cuando juega con desesperación a ganar un distrito electoral grande, fuera de los pequeños patagónicos.

Bullrich y Zamora, entonces, canibalizaron para su apetito a sus parientes cercanos en ideología. Aunque el trotskista es incompatible con nadie del arco político, sus seguidores, más allá de su líder, o votan a Ibarra o no votan, lo cual es probable. Lo de Bullrich, más allá de su silencio previsible (es posible que vaya con el circunloquio de
«a cualquiera, pero a Ibarra jamás»), tiende a suponerse que debería ir a Macri, pero no se sabe en qué porcentual.

Tiene menos asegurados los votos el debutante para el ballottage y tendrá menos pronunciamientos a su favor. Esto hace dudar del ganador final.

Macri dependerá más de la posición de los neutrales y de la gente que es querendona y simpatiza mirando quizás a quien ganó con todo el oficialismo -el nacional y el municipal- en contra.

Dejá tu comentario

Te puede interesar