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El caso más resonante es el de Carlos Reutemann. El gobernador de Santa Fe siguió quejándose ayer por el modo en que la Casa Rosada comenzó a administrar los planes Jefas y Jefes de Hogar. Dijo que cuando Alfredo Atanasof todavía era ministro de Trabajo discutió con él porque la Nación estaba asignando beneficios por fuera de los listados que entregaban las administraciones provinciales. Es decir: se violaba la regla por la cual serían solamente los gobernadores los habilitados para entregar ese tipo de beneficios. Reutemann estimó que el duhaldismo inscribió entre 7.000 y 10.000 beneficiarios por fuera del trabajo encarado por su gobierno. La polémica se desató a partir de que Duhalde y sus principales colaboradores en materia de entrega de subsidios -Atanasof y Aníbal Fernández-abrieron una cadena de distribución de programas «jefes y jefas» en la provincia de Santa Fe.
En rigor, lo que se está discutiendo detrás de la manera de administrar los planes «jefes y jefas» es la interna del peronismo. Los gobernadores sospechan que Duhalde puede servirse de los recursos de la acción social para avanzar políticamente sobre ellos. En especial si los refuerzan con un desembolso de u$s 1.200 millones, como supone Roberto Lavagna que le dará el Banco Mundial si acuerda con el Fondo. Este cuadro de sospechas es bastante detallado. Más de un mandatario entiende que esta intención es lo que está detrás del acuerdo que realizó Duhalde con Luis Barrionuevo, encomendándole a Graciela Camaño el manejo de los planes sociales a través del Ministerio de Trabajo.
El caso de Reutemann es el que más ilustra este modo de ver el juego. El gobernador sabe que desde hace una semana Juan José Mussi (secretario de Estado de Interior) y el ex secretario de Comercio Pablo Challú recorren el Gran Rosario con la intención de armar una cadena de «centros de abaratamiento» (lugares en los que el Estado venderá a precio de costo lo que adquirió de los mayoristas, en una demostración de anacronismo económico que promete pasar a la historia). Ahora se suma la preocupación por los piqueteros que es bastante razonable: «Si un día escasean estos programas o su monto resulta insuficiente, ¿a quién le van a armar la revuelta los piqueteros? ¿A Atanasof o al gobierno provincial? ¿Qué plaza quemarán primero?», se preguntó ayer un gobernador, comentando las declaraciones de Reutemann.
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