Kirchner partirá hoy hacia el Vaticano para asistir a la coronación, el domingo, de Benedicto XVI, con una amplia comitiva, que incluye a Raúl Alfonsín y a Felipe Solá (datos que los bonaerenses interpretarán en el marco de la tensión con Eduardo Duhalde). También irán, claro, Cristina Kirchner, los dos ministros Fernández, el canciller Bielsa y el secretario de Culto, Oliveri, testigos de una ceremonia que congregará a medio millón de fieles en una ciudad prácticamente blindada por temor a un atentado. El viaje estaba destinado a reponer un vínculo amistoso con la Santa Sede, que se deterioró a propósito del desplazamiento de Antonio Baseotto, el obispo castrense. Pero los últimos movimientos de la Cancillería hicieron más dificultosa esa reconciliación: antes de partir, Bielsa dijo que la salida de Baseotto, que el Papado considera ilegal, es "irreversible e irrenunciable". En Roma, Kirchner se encontrará con que el equipo designado por el nuevo Pontífice para atender las cuestiones de gobierno de la Iglesia es el mismo de Juan Pablo II: el cardenal Sodano, el obispo argentino Sandri, el cardenal Re. Ellos vienen de respaldar a Baseotto y de aconsejarle que inicie, como ya sucedió, un recurso administrativo para que se reconsidere su situación. "Es cierto que el obispo, como dice Bielsa, no volverá a ser vicario castrense. Lo sigue siendo", ironizó ayer ante este diario un obispo romano de los más ligados al tema. Kirchner intentará seguramente mañana, con algún contacto de alto nivel, superar la nueva brecha que le impusieron sus colaboradores al trato con el Papa.
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María Díaz Bancalari y Jorge Argüello, y el senador Miguel Pichetto. También Raúl Alfonsín fue invitado, y anoche se especulaba con que otros dirigentes radicales, como Gustavo Posse, podrían subir al avión charteado especialmente.
La figura de Antonio Baseotto condicionará todo el viaje. Se trata del obispo castrense que fue removido por el Presidente por su forma de censurar el reparto de preservativos organizado por el ministro Ginés González García. El prelado dijo: «A los que escandalizan habría que tirarlos al mar con una piedra atada al cuello», citando el Evangelio. Kirchner retiró de sus funciones a Baseotto, pero la Secretaría de Estado del Vaticano respondió diciendo que la medida es ilegal. Si este conflicto estará en el centro de la visita presidencial se debe a la impericia de Rafael Bielsa para manejar el caso. En efecto, el ministro cometió el error de ofrecer una conferencia de prensa a medios extranjeros casi con el único objeto de aclarar que «Baseotto no volverá a ser obispo castrense porque su desplazamiento es irreversible e irrenunciable». En la Cancillería también se especuló con la posibilidad de que el nuevo Papa confíe la agenda de su política internacional a un equipo distinto del de Juan Pablo II, que manejó el conflicto con el gobierno.
Llaman la atención varios aspectos de esta conducta de Bielsa. Primero, su desinformación: el miércoles ya se sabía que Joseph Ratzinger había ratificado en el cargo al secretario de Estado Angelo Sodano, al sustituto Leonardo Sandri (argentino y responsable directo del caso del obispo castrense) y al prefecto para la Congregación de los Obispos, el cardenal Gianbattista Re. Este diario lo informó en su edición de ayer, y esos datos fueron confirmados públicamente horas después.
La otra rareza de la conferencia de prensa de Bielsa es, precisamente, haber instalado el conflicto con el Vaticano como el eje principal de la visita sin esperar siquiera a saber la orientación que el nuevo Pontífice daría a su equipo. Ahora está clarísimo que la política de la Curia Romana se confirmará, a tal punto que ayer uno de sus voceros dijo a este diario, irónicamente: «Tiene razón el canciller: Baseotto no volverá a ser obispo castrense. Lo sigue siendo».
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