La competencia está lanzada y en Olivos, anoche, Duhalde exponía otro razonamiento: «Cometió una gran torpeza Felipe. Hablando como habla y permitiendo que se digan las cosas que dicen a su lado (por las afirmaciones de Sain), se ha puesto en contra a todo el partido en la provincia. ¿Querrá ser candidato por afuera?». En esa casa se escucharon inquietudes similares, preguntas retóricas como las de Duhalde, no hace tanto tiempo. La escena es distinta, como sucede siempre en la historia, pero no tanto: Fernando de la Rúa comenzó también con esas ironías a advertir que Carlos Chacho Alvarez dejaba de ser un aliado para convertirse en adversario. En las dos escenas, eso sí, está «Juampi» Cafiero, siempre partícipe de discordias. Es cierto que el conflicto ahora es más grave: si había o no coimas en el Senado, como denunció Alvarez, podía provocar espanto moral en la población; que haya o no una interna sanguinaria en las calles del conurbano produce pánico, más si la Policía Bonaerense -como advirtió Sain-delinque para llenar los bolsillos del duhaldismo. De esa frase el Presidente no podrá salir jamás.
De las irreverencias de Sain (ningún parentesco con Jorge Zaím, famoso como Jorge Asís) a la raya marcada por Duhalde en el piso del PJ hay solamente un paso. Porque lo que acaba de salir a luz es un fenómeno que transitaba la política de manera subterránea: la separación de Solá del liderazgo de Duhalde. Es sabido que el gobernador, arrepentido de haber recibido al cordobés De la Sota en La Plata -sobre todo de compartir esa mañana una incómoda conferencia de prensa-, se ha declarado prescindente en la pelea por la candidatura presidencial del peronismo. Es este proceso el que inquieta al Presidente, sobre todo porque no se trata de algo aislado.
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