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10 de diciembre 2003 - 00:00

Inquietud por la protesta social

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Se percibe en los tres grupos más cercanía a un estatismo decadente -con ellos en el poder-que técnicas marxistas puras.

Palermo indica que «un aspecto importante común a los tres grupos es que están en los límites entre el sistema y el antisistema y que muestran ambigüedades en su relación con la forma democrática. Necesitan radicalizar la protesta, pero hacen lo posible por no salir de la institucionalidad democrática. Se trata de un juego peligroso, que puede llevarlos a una dinámica política que no puedan controlar, convirtiéndose en una encerrona irreductible que no admita más que la radicalización», concluye Palermo.

El
En Brasil, Lula acaba de lanzar una propuesta de reforma agraria que supone el asentamiento de 400.000 familias hacia 2006 y de 150.000 más en 2007 (ya con nuevo presidente o el mismo Lula reelecto). Esto valió la declaración de una «tregua» del MST hasta mediados del año que viene. «Si para mediados del año que viene el gobierno no cumple, no tengan duda de que el MST volverá a la lucha», prometió el coordinador nacional del movimiento,
Una explicación --parcial-de por qué nada resulta suficiente en materia de reforma agraria en Brasil está dada por el fracaso productivo de las parcelas entregadas a campesinos «sin tierra» como habitualmente prevalece en minifundios no capaces de conformarse en cooperativas. Otra, que el MST comienza ya a perfilar un proyecto más amplio, que apunta a ubicar en terrenos rurales también a desocupados urbanos, la nueva clientela que aspira a suma, mientras, en la Argentina, el gobierno no sabe cómo actuar ante la ofensiva pique-tera que es totalmente de desocupados urbanos, aunque hay muchos expulsados de pueblos del interior porque el campo absorbe poca mano de obra con la tecnificación. Los caminos no se encuentran por carencia de factores comunes, entre los tres grupos de lumpen proletariado, y tampoco hay coincidencias entre los tres gobiernos que deben enfrentarlos por la diferencia de lo que tienen frente a sí. En Brasil, con 52 millones de personas en extrema pobreza, el promedio de 55 muertos por año ni se acerca a la repercusión de dos piqueteros muertos en la Argentina. El debate ha comenzado a girar en torno a la inquietante opción de ceder siempre o reprimir sin miramientos.

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