Un coro del oficialismo, encabezado por Cristina de Kirchner, salió ayer a descalificar expresiones de la Iglesia sobre un aumento de la pobreza. Absurdo desgaste -uno más- en discutir números poco creíbles. Daría más rédito si esa energía se la aplicase a emprender medidas concretas para reducir 20,6% de pobreza, un número que, aun maquillado, es alto.
Con Cristina de Kirchner a la cabeza, todo el gobierno nacional salió ayer a embestir contra la Iglesia Católica por haber advertido el aumento de la pobreza pese a que las cifras del INDEC expresen lo contrario.
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Desde Chaco, la Presidente insistió con «la bajada del desempleo y de los indicadores de pobreza e indigencia». Y en tácita referencia a las críticas del obispo Jorge Casaretto, de la Pastoral Social, aseguró que «hay otro país y otro relato diferente al que nos quieren convencer».
El obispo de San Isidro había dicho el miércoles pasado que «la percepción muestra que en estos momentos está aumentando la pobreza», al explicar que eran cada vez más las personas que se acercaban a las parroquias a pedir comida. No fue ésa, sin embargo, la primera crítica de la Iglesia Católica a las estimaciones del INDEC sobre pobreza e indigencia. El año pasado, desde la cumbre del CELAM en Brasil, el cardenal Jorge Bergoglio también había desenfundado su propio INDEC celestial para denunciar el aumento de los índices de exclusión social.
Libreto repetido
Ayer, detrás de Cristina de Kirchner se zambulleron el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y las ministras de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y de Salud, Graciela Ocaña. Todas repitieron el libreto presidencial y desmintieron las «percepciones» de los obispos.
Randazzo directamente acusó a Casaretto de querer fomentar la inflación y dijo que sus críticas «llamativamente coinciden con la posición de aquellos sectores que sólo alimentan expectativas inflacionarias». El ministro se empecinó en destacar que «el descenso extraordinario en los niveles de desocupación, pobreza e indigencia que se lograron en estos 5 años demuestra que este gobierno es el que más ha hecho en materia social».
El ministro del Interior quiso darle una clase de trabajo social a Casaretto y opinó que «quienes trabajan codo a codo con los sectores más humildes de la sociedad no deben ser funcionales a los intereses de quienes atentan contra el bolsillo de los que menos tienen. Es poco serio medir la pobreza por los que ocasionalmente pueden acercarse a una iglesia a pedir ayuda».
Ayer el Episcopado se llamó a silencio. Sólo el obispo de Humahuaca, monseñor Pedro Olmedo, advirtió que «el costo de vida se ha ido para arriba y no tienen nada que ver los índices oficiales con lo que pasa en la realidad. Aquí se ve que todas las cosas cuestan más, no sólo en el tema alimentos, sino también en la construcción».
Ministros
El ala femenina del gabinete nacional también salió a atacar a la Iglesia Católica. Alicia Kirchner y Graciela Ocaña aseguraron que el dato objetivo es que el índice de pobreza bajó en números absolutos y advirtieron que «hay que ser prudentes en lo que decimos, sobre todo cuando ejercemos representaciones públicas».
La hermana de Néstor Kirchner afirmó que «el descenso de la pobreza tiene relación directa con el crecimiento del empleo, es decir la baja del desempleo que hoy se encuentra en 7,5% y también el acceso a derechos, a servicios y bienes públicos».
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