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La promoción de Iribarne a la cartera que hoy ocupa Rosatti es un avance de Alberto Fernández en la estructura del gabinete nacional. En la asignación de materias de gobierno a distintos funcionarios, las cuestiones judiciales tienen dos «terminales»: el jefe de Gabinete para el orden (más o menos) visible y Carlos Zannini para el invisible. Fernández coordina políticamente un circuito que integran, entre otros, el procurador general Esteban «Bebe» Righi y la ministra de la Corte Helena Highton de Nolasco.
Pero para encuadrar políticamente al nuevo ministro, no habría que olvidar otro vínculo, acaso más antiguo: Iribarne es acaso el dirigente que más consecuentemente ha expresado a Eduardo Duhalde en el distrito metropolitano. Aun en los tiempos en que las relaciones entre el poder central y la política bonaerense eran más turbulentas -bajo el imperio Menem, no confundir con la era actual-, el actual secretario de Seguridad comulgaba con Duhalde y ponía ese canal al servicio de sus jefes de entonces. Estos eran Carlos Ruckauf y Corach: ambos lo tuvieron como viceministro en la cartera de Interior. Tuvo en estas funciones comportamientos altruistas, como haberse hecho cargo de enfrentar a la prensa cuando se produjo el atentado contra la AMIA y quien era titular del Ministerio, se encontraba en Orlando. La relación con el caudillo de Lomas llevó a Iribarne, más tarde, a la Casa de la Moneda y a la Secretaría de Seguridad, durante la anterior administraciónjusticialista. Allí lo encontró Kirchner, quien por consejo de Fernández lo destinó a la Sindicatura General de la Nación, oficina en la que convivió, en calidad de jefe, con la esposa de Julio De Vido, Alessandra Minicelli.
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